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« Voy , señor » , dijo Frondoso , « pero es el amor lo que los ha movido » . Y en cuanto le soltaron las manos , corrió hacia sus vecinos . Desde fuera se oían los gritos de Mengo : « ¡ Vivan Fernando e Isabel , y mueran los traidores ! » . « Señor , por Dios te lo pido , que no te encuentren aquí » , le suplicó Flores . « Esta sala es fuerte . Si siguen así , se cansarán y volverán a sus casas » . « Cuando un pueblo ofendido se levanta , nunca vuelve sin sangre o sin venganza » , contestó Flores . « ¡ Viva Fuenteovejuna ! » , se oyó gritar a Frondoso . Entonces entró la gente en la sala , con Esteban a la cabeza . « ¡ Ya vemos al tirano y a sus cómplices ! ¡ Fuenteovejuna , y que mueran los tiranos ! » . « Pueblo , esperad » , dijo don Fernán , levantando las manos . « ¡ Las ofensas no esperan ! » , contestaron todos . « Decidme qué os he hecho y os lo pagaré , os lo prometo por mi palabra de caballero » . « ¡ Fuenteovejuna ! ¡ Viva el rey Fernando ! ¡ Mueran los malos cristianos y los traidores ! » . « ¿ No me queréis oír ? Os estoy hablando yo , que soy vuestro señor » . « ¡ Nuestros señores son los Reyes Católicos ! » . Fuera , las mujeres llegaron con sus palos y sus pañuelos , y se quedaron guardando la puerta de la casa para que nadie pudiera escapar . Desde dentro llegaban gritos , golpes y el ruido de las armas . De pronto se oyó la voz de Esteban por encima de todas las demás , y después la voz del señor , que pedía perdón a Dios . Fernán Gómez había muerto a manos de sus propios vasallos . Al poco rato salió Flores corriendo de la casa , herido , con Mengo detrás de él . « ¡ Mengo , piedad , que yo no tengo la culpa ! » . « ¿ No tienes la culpa ? ¡ Tú me azotaste ! » , gritó Mengo . Las mujeres rodearon a Flores , y Jacinta le recordó todo lo que había hecho para servir los caprichos de su amo . Flores pidió piedad a gritos , se escapó entre ellas en la oscuridad y nadie supo adónde había ido . Ortuño también salió huyendo de Laurencia , que había entrado en la casa con un arma en la mano . « ¡ Fuenteovejuna , y viva el rey Fernando ! » , gritaron todas las mujeres juntas . Cuando salió el sol , la casa de la encomienda estaba vacía y en silencio , con las puertas rotas y las ventanas abiertas . Los vecinos habían sacado de ella las cosas del señor y se las habían repartido , como si fueran los bienes de un enemigo vencido en la guerra . Nadie lloraba por Fernán Gómez . Aun así , cuando los hombres volvieron a sus casas , muchos se quedaron largo rato sentados en silencio , porque sabían que lo que habían hecho aquella noche no se podía deshacer , y que tarde o temprano alguien vendría a pedirles cuentas . XII . Fuenteovejuna lo hizo Unos días más tarde , el rey Fernando estaba en su palacio con don Manrique , que acababa de llegar de Ciudad Real con buenas noticias : la ciudad estaba otra vez en manos de los reyes , y el conde de Cabra se había quedado allí para defenderla . El rey estaba satisfecho , porque así Alfonso de Portugal no podría hacerles daño por ese camino .
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