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« ¿ No has encontrado a otro más delgado ? » , protestó Mengo . « ¿ Crees que es de verdad ? » , se rio Esteban . Luego puso cara de juez . « ¿ Quién mató al comendador ? » . « Fuenteovejuna lo hizo » . « ¿ Y si te hago sufrir , perro ? » . « Aunque me matéis , señor » . « ¡ Confiesa , ladrón ! » . « Confieso » . « Pues , ¿ quién fue ? » . « Fuenteovejuna » . Todos se rieron , pero en ese momento llegó corriendo el regidor , sin aliento . « ¡ Ha llegado un juez del rey , y con él viene un capitán con soldados ! Están prendiendo a todo el pueblo , sin dejar a nadie » . « Que venga el diablo , si quiere » , dijo Esteban . « Ya sabéis lo que tenéis que responder . No tengáis miedo . ¿ Quién mató al comendador , Mengo ? » . « ¿ Quién ? Fuenteovejuna » . Lejos de allí , en Almagro , el joven maestre de Calatrava acababa de recibir la noticia de un soldado . Al principio se puso furioso . « ¡ Iré con quinientos hombres y destruiré esa villa ! ¡ No quedará ni el recuerdo de sus habitantes ! » . « Señor , calma tu enfado » , le aconsejó el soldado , « porque ellos se han entregado al rey , y lo que más te importa ahora es no enfadar al rey » . El maestre se quedó pensando un rato . Había perdido Ciudad Real , había perdido a su comendador y ahora corría el peligro de perderlo todo . « Tienes razón » , dijo por fin . « Si se han entregado al rey , guardaré mi enfado . Lo mejor que puedo hacer es presentarme ante los reyes y pedirles perdón . Mi poca edad será mi excusa . Voy con vergüenza , pero el honor me obliga » . Y así , mientras el juez del rey empezaba su trabajo en Fuenteovejuna , el joven maestre se preparaba para el viaje más difícil de su vida : ir a pedir perdón a los mismos reyes contra los que había luchado . XIII . El juez Durante varios días , el juez del rey interrogó a los vecinos de Fuenteovejuna uno por uno . Había llegado con un capitán y un grupo de soldados , y se había instalado en una casa junto a la plaza , donde mandó colocar el potro , un aparato de madera en el que ataban a los presos y les estiraban los brazos y las piernas hasta que hablaban . Desde la mañana hasta la noche se oían gritos detrás de aquellas paredes , y las madres cerraban las ventanas para que sus hijos pequeños no los oyeran . Laurencia caminaba sola junto a la casa de su padre . Desde que había llegado el juez , apenas podía dormir ni comer . Ahora que por fin era la mujer de Frondoso , tenía más miedo que nunca de perderlo , porque quien ama de verdad siempre teme por lo que ama . Cuando él estaba a su lado , sufría pensando en el peligro que corría , y cuando estaba lejos , sentía que se moría de angustia . De pronto apareció Frondoso por la esquina , y ella corrió hacia él . « ¡ Esposo mío ! ¿ Cómo te atreves a venir aquí , con tantos soldados en el pueblo ? » . « ¿ Así me recibes , después de tanto amor ? » , le preguntó él , sonriendo . « Mi vida , tienes que esconderte , porque tengo miedo de que te hagan daño . ¿ No ves con qué furia trata ese juez a los demás ? Huye mientras puedas y salva tu vida » .
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