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« No te preocupes » , contestó Sempronio . « Ella nos prometió la mitad de todo . Esta noche , cuando terminemos de servir a nuestro amo , iremos a su casa a pedir nuestra parte » . Pármeno no estaba tan seguro . Conocía bien a Celestina y sabía que nunca daba nada sin recibir algo a cambio . Pero no dijo nada más . También a él le interesaba el dinero , porque quería hacer regalos a Areúsa . Calisto , en cambio , solo pensaba en la noche . Preguntó a la vieja cómo debía hablar con Melibea , qué palabras debía decirle y qué ropa debía ponerse . Celestina le dio muchos consejos . Le dijo que no fuera demasiado atrevido , que la dejara hablar y que respetara su miedo , porque era una joven honrada y era la primera vez que hacía algo así . Mientras caminaban hacia su casa , Calisto les contó a sus criados todo lo que la vieja le había dicho , como si ellos no lo hubieran oído . Les dijo que aquella noche debían acompañarlo armados , porque no quería que nadie lo sorprendiera en la calle . Sempronio y Pármeno le prometieron que estarían a su lado pasara lo que pasara , aunque en el fondo ninguno de los dos tenía ganas de arriesgar la vida por los amores de su amo . Luego la vieja se despidió de Calisto y se fue a su casa . Llamó a la puerta y Elicia le abrió , sorprendida de verla tan contenta . « ¿ Qué te pasa , madre ? » , le preguntó . « Pareces otra mujer » . « Hoy he hecho el mejor trabajo de mi vida » , respondió la vieja . « Mira lo que traigo » . Le enseñó la cadena de oro . Elicia la miró con los ojos muy abiertos . Nunca había visto una joya tan hermosa en aquella casa . Cenaron juntas con buen apetito y bebieron un poco de vino . Celestina hablaba sin parar de Calisto y de Melibea , de lo tonto que era el joven y de lo fácil que había sido todo al final . Después se fueron a dormir . La vieja guardó la cadena en un lugar secreto , bajo su almohada , y se durmió pensando en todo lo que podría comprar con ella . Mientras tanto , en la casa de Calisto , el joven no podía estarse quieto . Se probaba un vestido y otro , se miraba en el espejo , pedía a sus criados que le prepararan las armas . A cada momento preguntaba qué hora era . Le parecía que el sol no quería esconderse aquella tarde , y que la noche no iba a llegar nunca . X . Medianoche en la puerta Cuando las campanas dieron las once , Calisto salió de su casa con Sempronio y Pármeno . Los tres iban armados , con espadas y escudos , porque las calles de noche eran peligrosas . Calisto iba delante , deprisa , como si volara . Los criados iban detrás , despacio y con mucho miedo . « Si viene la justicia , o algún vecino con armas , yo me escapo » , le dijo Sempronio a su compañero en voz baja . « No pienso morir por los amores de otro » . « Yo tampoco » , respondió Pármeno . « Nos quedaremos cerca de la esquina . Así podremos correr si hace falta » .
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