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XIII . La escala del huerto Mientras tanto , en la casa de Pleberio , nadie sospechaba nada . Una tarde , Pleberio y Alisa se sentaron a hablar en su habitación . Melibea estaba en la habitación de al lado y lo oyó todo . « Alisa , amiga mía , el tiempo se nos va entre las manos » , dijo Pleberio . « Los días corren como el agua del río . Somos viejos , y la muerte nos puede llegar en cualquier momento . Antes de morir , quiero ver a nuestra hija casada con un buen marido » . Alisa estuvo de acuerdo . Hablaron de los jóvenes de la ciudad que podían pedir su mano . Todos querían casarse con Melibea , porque era hermosa , honrada y la única heredera de una gran fortuna . Pleberio dijo que debían preguntar a su hija qué marido prefería . Alisa le contestó que no hacía falta , porque una joven tan inocente no sabía nada de hombres y aceptaría al que sus padres eligieran . Al otro lado de la pared , Melibea sentía que se moría . Cada palabra de sus padres era como un cuchillo . Llamó a Lucrecia y le habló llorando . « Ve con mis padres e interrúmpelos » , le dijo . « Diles cualquier cosa , pero que dejen de hablar de mi boda . Yo no quiero marido . Ya tengo a Calisto y no quiero a otro . Prefiero ser su amiga en secreto que la mujer de un hombre que no amo . Si mis padres quieren que yo viva , que me dejen gozar de mi juventud con él » . Lucrecia obedeció y fue a la habitación de los señores con un pretexto . Pleberio y Alisa cambiaron de conversación . Ninguno de los dos imaginaba que su hija ya había decidido su destino . Aquella noche , como tantas otras desde hacía un mes , Calisto salió de su casa con Sosia y Tristán . Hacía buen tiempo y la luna estaba alta . Por el camino , Sosia le contó a Tristán , muy orgulloso , que Areúsa se había enamorado de él . Tristán , que era más joven pero más listo , le dijo que tuviera cuidado , porque aquella amistad tan repentina le parecía una trampa . Una mujer como Areúsa no se enamoraba sin motivo de un pobre criado . Calisto iba alegre y hablador , sin acordarse ya de Sempronio ni de Pármeno . Les decía a sus criados que el mundo entero le parecía más bonito desde que Melibea era suya , y que no cambiaría aquellas noches del huerto por todas las riquezas de la tierra . Sosia y Tristán lo escuchaban sin contestar , porque estaban cansados de tantas noches sin dormir . Llegaron al huerto . Los criados pusieron la escala contra la pared y Calisto subió hasta arriba . Se quedó sentado sobre el muro , en silencio , porque oyó dentro una voz que cantaba .
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