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La vieja entró en la casa y saludó a Calisto con palabras muy dulces . Él se puso de rodillas ante ella como si fuera una santa y le dijo que ella era su única esperanza , que su vida estaba en sus manos y que haría cualquier cosa por ver otra vez a Melibea . Ella lo dejó hablar mucho tiempo , porque sabía que un enamorado que habla mucho también paga mucho . En un momento Calisto salió de la sala para buscar algo , y la vieja se quedó sola con Pármeno . Lo miró de arriba abajo con una sonrisa . « Tú eres Pármeno , ¿ verdad ? » , le dijo . « El hijo de Claudina . ¡ Cómo has crecido ! Cuando eras pequeño dormías a mis pies , y tu madre era mi mejor amiga . Aprendimos juntas muchas cosas » . Pármeno se puso rojo , porque no quería recordar a su madre ni la vida que había llevado con aquella mujer . « Escúchame , hijo » , siguió ella con voz cariñosa . « Tu madre me dejó un dinero para ti antes de morir , y yo lo guardo . Te lo daré cuando seas un hombre sensato . Pero no seas tonto : Sempronio y tú debéis ser amigos . Los amos solo piensan en sí mismos , y si los criados no se ayudan entre ellos , nadie les ayudará . Además , conozco a una muchacha muy guapa , Areúsa , que podría ser tuya » . Pármeno no contestó , pero sus ojos cambiaron un poco . La vieja lo notó y no dijo nada más . Cuando Calisto volvió , traía en la mano una bolsa con cien monedas de oro , y se la dio sin contarlas . « Es para empezar » , le dijo . « Habrá más , mucho más , si me traes buenas noticias » . Celestina besó la bolsa , besó las manos de Calisto y le prometió que muy pronto le hablaría de Melibea . Después se marchó a su casa con Sempronio a su lado . Pármeno los miró desde la puerta . Pensaba que su amo acababa de cometer un grave error , pero también pensaba en Areúsa . III . Hilo con aceite de serpiente Cuando la vieja se fue , Calisto se sintió feliz durante un rato , pero pronto empezó a impacientarse otra vez . Le parecía que cada minuto era una hora y que cada hora era un año . Por eso mandó a Sempronio detrás de ella , para que le recordara su promesa y no la dejara dormirse . Se quedó solo con Pármeno , y los dos empezaron a hablar . Calisto quería oír cosas agradables , pero el criado era sincero y le dijo lo que pensaba . « Señor , perdóname » , dijo , « pero has dado cien monedas a la peor mujer de la ciudad y le has contado tu secreto . Si eso se sabe , perderás tu buen nombre . Y Melibea , si es tan honrada como dicen , nunca querrá a un hombre que paga a una vieja así » . « ¿ Y qué quieres que haga ? » , gritó Calisto . « ¿ Que me muera en silencio ? » . « Quiero que tengas paciencia » , contestó Pármeno . « Una pasión tan grande no puede terminar bien , porque los que corren detrás del placer casi siempre caen en el dolor » . Calisto se enfadó mucho . Le dijo que era un mal criado , que no lo quería ayudar y que Sempronio , en cambio , sí sabía servirle . Pármeno se calló . Comprendió que su lealtad no valía nada para aquel amo y que ya nadie le agradecía decir la verdad . En ese momento , sin decirlo en voz alta , empezó a pensar que tal vez la vieja tenía razón .
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