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V . El cordón de Melibea Por el camino , Celestina hablaba consigo misma entre dientes . Se felicitaba por su buena suerte y por su habilidad . Había entrado en la casa más difícil de la ciudad y había salido viva y con un regalo de Melibea . Ni el mejor soldado del mundo podría estar más orgulloso de una victoria . Cerca de su casa encontró a Sempronio , que la esperaba con impaciencia . Él quería saber todo enseguida , pero ella no quiso contarle nada en la calle . Le dijo que la historia era para Calisto , y que él la oiría junto a su amo . Sempronio se enfadó un poco , porque temía que la vieja quisiera quedarse con todo el dinero . « Madre , no me engañes » , le dijo mientras caminaban . « Hemos hablado de repartir lo que ganemos , y ahora tú quieres guardar el secreto solo para ti . Yo he traído este negocio a tu casa , y no quiero que me dejes con las manos vacías » . « Calla , tonto » , le respondió ella sin dejar de andar . « ¿ Cuándo te he engañado yo ? Lo que yo gane será de los dos , como te prometí . Pero un secreto contado en la calle ya no es un secreto , y en esta ciudad las paredes tienen oídos . Ten un poco de paciencia y pronto verás lo que te toca » . Sempronio se calló , aunque no quedó tranquilo del todo . Conocía demasiado bien a la vieja y sabía que , cuando hablaba con tanta dulzura , casi siempre estaba pensando en otra cosa . Cuando llegaron a la casa de Calisto , Pármeno los vio desde la ventana y avisó a su amo . Calisto bajó la escalera corriendo , sin zapatos , y abrió la puerta él mismo . « ¿ Qué noticias traes , madre ? » , le preguntó . « ¿ Buenas o malas ? Dímelo pronto , porque mi vida depende de tu respuesta » . Celestina no tenía ninguna prisa . Primero se quejó del peligro que había pasado . Contó cómo Melibea se había puesto furiosa , cómo la había llamado vieja malvada y cómo la había amenazado con quemarla . Calisto escuchaba con los ojos llenos de lágrimas . « ¡ Ay , pobre de mí ! » , exclamaba . « Entonces todo está perdido » . « No te desesperes tan pronto » , le dijo la vieja . « Cuando una mujer se enfada tanto , es que algo le ha llegado al corazón . Su ira fue como una tormenta de verano : mucha lluvia y luego sol » . Mientras tanto , Pármeno comentaba en voz baja todo lo que la vieja decía , y Sempronio le daba codazos para que se callara . « Mira cómo hace crecer el peligro » , murmuraba Pármeno . « Así le parecerá a nuestro amo que debe pagarle más » . « Calla , hombre » , le respondía Sempronio . « Si no cierras la boca , vas a perder también tu parte » . Por fin , la vieja sacó el cordón de debajo del manto y se lo puso a Calisto en las manos . « Esto te manda Melibea » , dijo . « Es el cordón que llevaba en la cintura » . Calisto se quedó mudo . Luego empezó a besar el cordón , a llorar sobre él y a hablarle como si fuera una persona . Le dijo que era más feliz que él , porque había abrazado cada día el cuerpo de su señora . Le preguntó si ella pensaba en él . Le prometió que lo guardaría toda su vida .
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