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« Señor , deja ya ese cordón » , le dijo Sempronio , avergonzado . « Si sigues así , la vieja va a pensar que estás loco de verdad » . Celestina se rió y le pidió a Calisto que no gastara todas sus fuerzas en un trozo de tela . Le dijo que Melibea le había prometido una oración para el dolor de muelas y que al día siguiente volvería a verla . Poco a poco , con mucha paciencia , conseguiría lo que él deseaba . Pero Calisto no se cansaba de oír la historia . Le pidió a la vieja que se la contara otra vez desde el principio , y después otra más , porque quería saber cada palabra que Melibea había dicho y cada gesto que había hecho . Le preguntó cómo iba vestida , si estaba sentada o de pie , si se había puesto pálida al oír su nombre y si había sonreído en algún momento . Celestina respondía a todo con paciencia , y cada vez añadía algún detalle nuevo para que la historia pareciera más bonita . « Mira cómo la vieja le vende las palabras » , le dijo Pármeno a su compañero . « Cada vez que lo cuenta , Melibea es un poco más amable . Al final la va a convertir en una santa enamorada » . Calisto estaba tan contento que no sabía cómo agradecérselo . Vio que el manto de la vieja estaba roto y viejo , y le prometió uno nuevo de buena tela , y además una falda para el invierno . Celestina aceptó con mucha modestia , como si aquel regalo no le importara . Ya era de noche cuando la vieja quiso volver a su casa . Calisto le pidió a Pármeno que la acompañara por las calles oscuras . A Pármeno no le gustó la orden , pero obedeció . Y así salieron juntos , la vieja con su manto roto y el criado con su espada , mientras Calisto se quedaba en su habitación hablando con el cordón . VI . La noche de Pármeno Por el camino , Celestina aprovechó la oportunidad que llevaba tanto tiempo esperando . Le habló a Pármeno con voz de madre . Le dijo que había crecido mucho , que se había convertido en un hombre guapo y que era una pena verlo tan solo , sin amigos y sin dinero . « Tu amo te trata mal , hijo » , le dijo . « Tú le dices la verdad y él te desprecia . Sempronio le dice lo que quiere oír y él lo quiere más que a ti . ¿ No ves cómo es el mundo ? Los señores no tienen amigos , solo tienen criados . Tú tienes que pensar en ti » . Después le habló de su madre , Claudina . Le contó que había sido una mujer muy valiente y muy sabia , y que ella la había querido como a una hermana . Juntas habían hecho muchas cosas y habían pasado muchos peligros . Una vez , la justicia había castigado a Claudina en la plaza delante de todo el mundo , y ella lo había soportado con la cabeza alta . Pármeno escuchaba en silencio . No sabía si sentir orgullo o vergüenza . « Si fueras amigo de Sempronio » , siguió la vieja , « los dos podríais ganar mucho dinero con este asunto de Calisto . Y yo te daría lo que tu madre te dejó . Además , te daría algo mejor que el dinero » .
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