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III Batiste , al inspeccionar las incultas tierras , se dijo que había allí trabajo para largo rato . Mas no por esto sintió desaliento . Era un varón enérgico , emprendedor , avezado á la lucha para conquistar el pan . Allí lo había « muy largo » , como decía él , y además se consolaba recordando que en peores trances se había visto . Su vida pasada era un continuo cambio de profesión , siempre dentro del círculo de la miseria rural , mudando cada año de oficio , sin encontrar para su familia el bienestar mezquino que constituía toda su aspiración . Cuando conoció á su mujer , era mozo de molino en las inmediaciones de Sagunto . Trabajaba entonces « como un lobo » — así lo decía él — para que en su vivienda no faltase nada ; y Dios premió su laboriosidad enviándole cada año un hijo , hermosas criaturas que parecían nacer con dientes , según la prisa que se daban en abandonar el pecho maternal para pedir pan á todas horas . Resultado : que hubo de abandonar el molino y dedicarse á carretero , en busca de mayores ganancias . La mala suerte le perseguía . Nadie como él cuidaba el ganado y vigilaba la marcha . Muerto de sueño , jamás se atrevía , como los compañeros , á dormir en el carro , dejando que las bestias marchasen guiadas por su instinto . Vigilaba á todas horas , permanecía siempre junto al rocín delantero , evitando los baches profundos y los malos pasos ; y sin embargo , si algún carro volcaba era el suyo ; si algún animal caía enfermo á causa de las lluvias era seguramente de Batiste á pesar del cuidado paternal con que se apresuraba á cubrir los flancos de sus bestias con gualdrapas de arpillera apenas caían cuatro gotas . En unos cuantos años de fatigosa peregrinación por las carreteras de la provincia , comiendo mal , durmiendo al raso y sufriendo el tormento de pasar meses enteros lejos de la familia , á la que adoraba con el afecto reconcentrado de hombre rudo y silencioso , Batiste sólo experimentó pérdidas y vió su situación cada vez más comprometida . Se le murieron los rocines y tuvo que entramparse para comprar otros . Lo que le valía el continuo acarreo de pellejos hinchados de vino ó de aceite perdíase en manos de chalanes y constructores de carros , hasta que llegó el momento en que , viendo próxima su ruina , abandonó el oficio . Tomó entonces unas tierras cerca de Sagunto : campos de secano , rojos y eternamente sedientos , en los cuales retorcían sus troncos huecos algarrobos centenarios ó alzaban los olivos sus redondas y empolvadas cabezas . Fué su vida una continua batalla con la sequía , un incesante mirar al cielo , temblando de emoción cada vez que una nubecilla negra asomaba en el horizonte . Llovió poco , las cosechas fueron malas durante cuatro años , y Batiste no sabía ya qué hacer ni adónde dirigirse , cuando en un viaje á Valencia conoció á los hijos de don Salvador , unos excelentes señores ( Dios les bendiga ) , que le dieron aquella hermosura de campos , libres de arrendamiento por dos años , hasta que recobrasen por completo su estado de otros tiempos .
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