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— ¡ Dios santo ! ¿ Estás seguro de que ha ido a la Ciudad ? — exclamó D . Eugenio más aterrado que nunca . — A lo menos , eso me ha dicho ella . . . . — ¡ Corre , corre , Garduña ! — ¡ Ah ! ¡ estoy perdido sin remedio ! — ¿ Sabes a qué va la señá Frasquita a la Ciudad ? ¡ A contárselo todo a mi mujer ! . . . ¡ A decirle que estoy aquí ! — ¡ Oh , Dios mío , Dios mío ! ¿ Cómo había yo de figurarme esto ? ¡ Yo creí que se habría ido al Lugar en busca de su marido ; y , como lo tengo allí a buen recaudo , nada me importaba su viaje ! Pero ¡ irse a la Ciudad ! . . . — ¡ Garduña , corre , corre . . . , tú que eres andarín , y evita mi perdición ! ¡ Evita que la terrible Molinera entre en mi casa ! — ¿ Y no me ahorcará Usía si lo consigo ? — preguntó irónicamente el Alguacil . — ¡ Al contrario ! Te regalaré unos zapatos en buen uso , que me están grandes . ¡ Te regalaré todo lo que quieras ! — Pues voy volando . Duérmase Usía tranquilo . Dentro de media hora estoy aquí de vuelta , después de dejar en la cárcel a la navarra . — ¡ Para algo soy más ligero que una borrica ! Dijo Garduña , y desapareció por la escalera abajo . Se cae de su peso que , durante aquella ausencia del Alguacil , fue cuando el Molinero estuvo en el molino y vio visiones por el ojo de la llave . Dejemos , pues , al Corregidor sudando en el lecho ajeno , y a Garduña corriendo hacia la Ciudad ( adonde tan pronto había de seguirle el tío Lucas con sombrero de tres picos y capa de grana ) , y , convertidos también nosotros en andarines , volemos con dirección al Lugar , en seguimiento de la valerosa señá Frasquita . XXIII . Otra vez el desierto y las consabidas voces La única aventura que le ocurrió a la navarra en su viaje desde el molino al pueblo , fue asustarse un poco al notar que alguien echaba yescas en medio de un sembrado . — ¿ Si será un esbirro del Corregidor ? ¿ Si irá a detenerme ? — pensó la Molinera . En esto se oyó un rebuzno hacia aquel mismo lado . — ¡ Burros en el campo a estas horas ! ( siguió pensando la señá Frasquita . ) — Pues lo que es por aquí no hay ninguna huerta ni cortijo . . . . — ¡ Vive Dios que los duendes se están despachando esta noche a su gusto ! Porque la borrica de mi marido no puede ser . . . . — ¿ Qué haría mi Lucas , a media noche , parado fuera de camino ? — ¡ Nada ! ¡ nada ! ¡ Indudablemente es un espía ! La burra que montaba la señá Frasquita creyó oportuno rebuznar también en aquel instante . — ¡ Calla , demonio ! — le dijo la navarra , clavándole un alfiler de a ochavo en mitad de la cruz . Y , temiendo algún encuentro que no le conviniese , sacó también su bestia fuera del camino y la hizo trotar por otros sembrados . Sin más accidente , llegó a las puertas del Lugar , a tiempo que serían las once de la noche .
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