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Jamás había creído la señora de Moscoso que vería hilar más que en las novelas o en los cuentos , a no ser a las aldeanas , y le produjo singular efecto el espectáculo de aquellas dos estatuas bizantinas , que tales parecían por su quietud y los rígidos pliegues de su ropa , manejando el huso y la rueca , y suspendiendo a un mismo tiempo la labor cuando ella entró . En nombre de las dos estatuas — que eran las tías paternas del señorito de Limioso — había visitado éste a Nucha ; vivía también en el Pazo el padre , paralítico y encamado , pero a éste nadie le echaba la vista encima ; su existencia era como un mito , una leyenda de la montaña . Las dos ancianas se irguieron y tendieron a Nucha los brazos con movimiento tan simultáneo que no supo a cuál de ellas atender , y a la vez y en las dos mejillas sintió un beso de hielo , un beso dado sin labios y acompañado del roce de una piel inerte . Sintió también que le asían las manos otras manos despojadas de carne , consuntas , amojamadas y momias ; comprendió que la guiaban hacia el estrado , y que le ofrecían uno de los sitiales , y apenas se hubo sentado en él , conoció con terror que el asiento se desvencijaba , se hundía ; que se largaba cada pedazo del sitial por su lado sin crujidos ni resistencia ; y con el instinto de la mujer encinta , se puso de pie , dejando que la última prenda del esplendor de los Limiosos se derrumbase en el suelo para siempre . . . . Salieron del goteroso Pazo cuando ya anochecía , y sin que se lo comunicasen , sin que ellos mismos pudiesen acaso darse cuenta de ello , callaron todo el camino porque les oprimía la tristeza inexplicable de las cosas que se van . - XVI - Debía el sucesor de los Moscosos andar ya cerca de este mundo , porque Nucha cosía sin descanso prendas menudas semejantes a ropa de muñecas . A pesar de la asiduidad en la labor , no se desmejoraba , al contrario , parecía que cada pasito de la criatura hacia la luz del día era en beneficio de su madre . No podía decirse que Nucha hubiese engruesado , pero sus formas se llenaban , volviéndose suaves curvas lo que antes eran ángulos y planicies . Sus mejillas se sonroseaban , aunque le velaba frente y sienes esa ligera nube oscura conocida por paño . Su pelo negro parecía más brillante y copioso ; sus ojos , menos vagos y más húmedos ; su boca , más fresca y roja . Su voz se había timbrado con notas graves . En cuanto al natural aumento de su persona , no era mucho ni la afeaba , prestando solamente a su cuerpo la dulce pesadez que se nota en el de la Virgen en los cuadros que representan la Visitación . La colocación de sus manos , extendidas sobre el vientre como para protegerlo , completaba la analogía con las pinturas de tan tierno asunto .
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