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Estos triunfos atenuaron en Francia la pérdida de Trafalgar ; el mismo Napoleón mandó a los periódicos que no se hablara del asunto , y cuando se le dio cuenta de la victoria de sus implacables enemigos los ingleses , se contentó con encogerse de hombros diciendo : « Yo no puedo estar en todas partes » . - XVII - Traté de retardar el momento de presentarme a mi amo ; pero , al fin , el hambre , la desnudez en que me hallaba y la falta de asilo , me obligaron a ir . Mi corazón , al aproximarme a la casa de Doña Flora , palpitaba con tanta fuerza , que a cada paso me detenía para tomar aliento . La inmensa pena que iba a causar anunciando la muerte del joven Malespina , gravitaba sobre mi alma con tan atroz pesadumbre , que si yo hubiera sido responsable de aquel desastre , no me habría sentido más angustiado . Llegué por fin , y entré en la casa . Mi presencia en el patio produjo gran sensación ; sentí fuertes pasos en las galerías altas , y aún no había tenido tiempo de decir una palabra , cuando me abrazaron estrechamente . No tardé en reconocer el rostro de Doña Flora , más pintorreado aquel día que un retablo , y ferozmente desfigurado con la alegría que mi presencia causó en el espíritu de la excelente vieja . Los dulces nombres de pimpollo , remono , angelito , y otros que me prodigó con toda largueza , no me hicieron sonreír . Subí , y todos estaban en movimiento . Oí a mi amo que decía : « ¡ Ahí está ! Gracias a Dios » . Entré en la sala , y Doña Francisca se adelantó hacia mí preguntándome con mortal ansiedad : « ¿ Y D . Rafael ? ¿ Qué ha sido de D . Rafael ? » Permanecí confuso por largo rato . La voz se ahogaba en mi garganta y no tenía valor para decir la fatal noticia . Repitieron la pregunta , y entonces vi a mi amita que salía de una pieza inmediata , con el rostro pálido , espantados los ojos y mostrando en su ademán la angustia que la poseía . Su vista me hizo prorrumpir en amargo llanto , y no necesité pronunciar una palabra . Rosita lanzó un grito terrible y cayó desmayada . D . Alonso y su esposa corrieron a auxiliarla , ocultando su pesar en el fondo del alma . Doña Flora se entristeció , y llamándome aparte para cerciorarse de que mi persona volvía completa , me dijo : « ¿ Con que ha muerto ese caballerito ? Ya me lo figuraba yo , y así se lo he dicho a Paca ; pero ella , reza que te reza , ha creído que lo podía salvar . Si cuando está de Dios una cosa . . . Y tú bueno y sano , ¡ qué placer ! ¿ No has perdido nada ? » La consternación que reinaba en la casa es imposible de pintar . Por espacio de un cuarto de hora no se oyeron más que llantos , gritos y sollozos , porque la familia de Malespina estaba allí también . ¡ Pero qué singulares cosas permite Dios para sus fines ! Había pasado , como he dicho , un cuarto de hora desde que di la noticia , cuando una ruidosa y chillona voz hirió mis oídos . Era la de D . José María Malespina , que vociferaba en el patio , llamando a su mujer , a D . Alonso y a mi amita . Lo que más me sorprendió fue que la voz del embustero parecía tan alegre como de costumbre , lo cual me parecía altamente indecoroso después de la desgracia ocurrida . Corrimos a su encuentro , y me maravillé viéndole gozoso como unas pascuas .
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