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En el proceso que se siguió declararon dos mujeres de la vecindad que habían visto un grupo de hombres cabezones y chiquirriticos , vulgo duendes , preparando la horca ; y que cuando ésta quedó alzada , llamaron por tres veces a la puerta de la casa , la que se abrió al tercer aldabonazo . Poco después el almirante , vestido de gala , salió en medio de los duendes , que sin más ceremonia lo suspendieron como un racimo . Con tales declaraciones la justicia se quedó a obscuras y no pudiendo proceder contra los duendes , pensó que era cuerdo el sobreseimiento . Si el pueblo cree como artículo de fe que los duendes dieron fin del excomulgado almirante , no es un cronista el que ha de meterse en atolladeros para convencerlo de lo contrario , por mucho que la gente descreída de aquel tiempo murmurara por lo bajo que todo lo acontecido era obra de los jesuítas , para acrecer la importancia y respeto debidos al estado sacerdotal . III El intendente y los alcaldes del Cuzco dieron cuenta de todo al virrey , quien después de oír leer el minucioso informe le dijo a su secretario : — ¡ Pláceme el tema para un romance moruno ! ¿ Qué te parece de esto , mi buen Estúñiga ? — Que vuecelencia debe echar una mónita a esos sandios golillas que no han sabido hallar la pista de los fautores del crimen . — Y entonces se pierde lo poético del sucedido — repuso el de Esquilache sonriéndose . — Verdad , señor ; pero se habrá hecho justicia . El virrey se quedó algunos segundos pensativo ; y luego , levantándose de su asiento , puso la mano sobre el hombro de su secretario : — Amigo mío , lo hecho está bien hecho ; y mejor andaría el mundo si , en casos dados , no fuesen leguleyos trapisondistas y demás cuervos de Temis , sino duendes , los que administrasen justicia . Y con esto , buenas noches y que Dios y Santa María nos tengan en su santa guarda y nos libren de duendes y remordimientos . LOS POLVOS DE LA CONDESA crónica de la época del decimocuarto virrey del perú ( Al doctor Ignacio La - Puente . ) I En una tarde de junio de 1631 las campanas todas de las iglesias de Lima plañían fúnebres rogativas , y los monjes de las cuatro órdenes religiosas que a la sazón existían , congregados en pleno coro , entonaban salmos y preces . Los habitantes de la tres veces coronada ciudad cruzaban por los sitios en que , sesenta años después , el virrey conde de la Monclova debía construir los portales de Escribanos y Botoneros , deteniéndose frente a la puerta lateral de palacio . En éste todo se volvía entradas y salidas de personajes , más o menos caracterizados . No se diría sino que acababa de dar fondo en el Callao un galeón con importantísimas nuevas de España , ¡ tanta era la agitación palaciega y popular ! o que , como en nuestros democráticos días , se estaba realizando uno de aquellos golpes de teatro a que sabe dar pronto término la justicia de cuerda y hoguera . Los sucesos , como el agua , deben beberse en la fuente ; y por esto , con venia del capitán de arcabuceros que está de facción en la susodicha puerta , penetraremos , lector , si te place mi compañía , en un recamarín de palacio .
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