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Ella encontraría el pájaro . Lo afirmaba Tonet , que la había hecho realizar trabajos más difíciles . De nuevo sonó el chapoteo del animal en la selva acuática . Iba de una parte á otra con indecisión , cambiando á cada momento de pista , sin confianza en sus desordenadas carreras , sin osar mostrarse vencida , pues tan pronto como tornaba hacia las barcas , asomando su cabeza entre las cañas , veía el puño del amo y oía el ¡ búscala ! que equivalía á una amenaza . Varias veces volvió á husmear la pista , y al fin se alejó tanto en sus invisibles carreras , que los cazadores dejaron de oir el ruido de sus patas . Un ladrido lejano , repetido varias veces , hizo sonreír á Tonet . ¿ Qué tal ? Su vieja compañera podría tardar , pero nada se le escapaba . La perra seguía ladrando lejos , muy lejos , con expresión desesperada , pero sin aproximarse . El Cubano silbó . — ¡ Aquí , Sentella , aquí ! . . . Comenzó á oirse su chapoteo cada vez más próximo . Se acercaba tronchando cañas , abatiendo hierbas , con gran estrépito de agua removida . Por fin apareció con un objeto en la boca , nadando penosamente . — ¡ Aquí , Sentella , aquí ! . . . — seguía gritando Tonet . Pasó junto á la barca del abuelo , y el cazador se llevó la mano á los ojos , como si le hiriese un relámpago . — ¡ Mare de Deu ! — gimió aterrado , mientras la escopeta se le iba de las manos . Tonet se irguió , con la mirada loca , estremecido de pies á cabeza , como si el aire faltase de pronto en sus pulmones . Vió junto á la borda de su barca un lío de trapos , y en él algo lívido y gelatinoso erizado de sanguijuelas : una cabecita hinchada , deforme , negruzca , con las cuencas vacías y colgando de una de ellas el globo de un ojo : todo tan repugnante , tan hediondo , que parecía entenebrecer repentinamente el agua y el espacio , haciendo que en pleno sol cayese la noche sobre el lago . Levantó la percha con ambas manos , y fué tan tremendo el golpe , que el cráneo de la perra crujió como si se rompiese , y el pobre animal , dando un aullido , se hundió con su presa en las aguas arremolinadas . Después miró con ojos extraviados á su abuelo , que no adivinaba lo ocurrido , al pobre don Joaquín , que parecía anonadado por el terror , y perchando instintivamente , salió disparado cual una flecha por la vía de agua , como si se incorporase el fantasma del remordimiento , adormecido durante una semana , y corriera tras él , rasgándole la espalda con sus uñas implacables . X Su carrera fué corta . Al salir á la Albufera vió cerca algunas barcas , oyó gritos de los que las tripulaban y quiso ocultarse con el rubor del que se ve desnudo ante gentes extrañas . El sol parecía herirle : la inmensa superficie del lago le causaba miedo ; necesitaba agazaparse en un rincón obscuro , no ver , no oir ; y viró , volviendo á meterse en los carrizos . No fué muy lejos . La proa del barquito se hundió entre las cañas , y el miserable , soltando la percha , se dejó caer en el fondo de la embarcación con la cabeza oculta entre las manos . Por mucho tiempo callaron los pájaros , cesaron los ruidos en el carrizal , como si la vida oculta entre las cañas callase , aterrada por un rugido salvaje , un lamento entrecortado , que parecía el hipo de un moribundo .
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