Passer le texte de l’article Touchez un mot pour voir sa traduction
— ¿ Qué hago yo contigo ? ¿ Te mato ? Viéndome reir , ella reía también , y sobre su boca pálida , la risa era fresca , sensual , alegre : — ¡ No es posible que hayas pensado eso ! — Di que parece imposible . — ¿ Pero lo has pensado ? — Sí . — ¡ No te creo ! ¿ Cómo has podido siquiera imaginarlo ? — Recordé mi primera conquista . Tenía yo once años y una dama se enamoró de mí . ¡ Era también muy bella ! Concha murmuró en voz baja : — Mi tía Augusta . — Sí . — Ya me lo has contado . . . ¿ Pero tú no eras más bello que Florisel ? Dudé un momento y creí que mis labios iban a mancharse con una mentira . Al fin , tuve el valor de confesar la verdad : — ¡ Ay , Concha ! Yo era menos bello . Mirándome burlona , cerró el cofre de sus joyas . — Otro día quemaremos tus cartas . Hoy no . Tus celos me han puesto de buen humor . Y echándose sobre la almohada volvió a reir como antes , con frescas y alegres carcajadas . El día de quemar aquellas cartas no llegó para nosotros : Yo me he resistido siempre a quemar las cartas de amores . Las he amado como aman los poetas sus versos . Cuando murió Concha , en el cofre de plata , con las joyas de familia las heredaron sus hijas . Las almas enamoradas y enfermas son tal vez las que tejen los más hermosos sueños de la ilusión . Yo nunca había visto a Concha ni tan alegre ni tan feliz . Aquel renacimiento de nuestros amores fué como una tarde otoñal de celajes dorados , amable y melancólica . ¡ Tarde y celajes que yo pude contemplar desde los miradores del Palacio , cuando Concha con romántica fatiga se apoyaba en mi hombro ! Por el campo verde y húmedo , bajo el sol que moría ondulaba el camino . Era luminoso y solitario . Concha suspiró con la mirada perdida : — ¡ Por ese camino hemos de irnos los dos ! Y levantaba su mano pálida , señalando a lo lejos los cipreses del cementerio . La pobre Concha hablaba de morir sin creer en ello . Yo me burlaba : — Concha , no me hagas suspirar . Ya sabes que soy un príncipe a quien tienes encantado en tu Palacio . Si quieres que no se rompa el encanto , has de hacer de mi vida un cuento alegre . Concha , olvidando sus tristezas del crepúsculo , sonreía : — Ese camino es también por donde tú has venido . . . La pobre Concha procuraba mostrarse alegre . Sabía que todas las lágrimas son amargas y que el aire de los suspiros , aun cuando perfumado y gentil , sólo debe durar lo que una ráfaga . ¡ Pobre Concha ! Era tan pálida y tan blanca como esos ramos de azucenas que embalsaman las capillas con más delicado perfume al marchitarse . De nuevo levantó su mano , diáfana como mano de hada : — ¿ Ves , allá lejos , un jinete ? — No veo nada . — Ahora pasa la Fontela . — Sí , ya le veo . — Es el tío Don Juan Manuel . — ¡ El magnífico hidalgo del Pazo de Lantañón ! Concha hizo un gesto de lástima . — ¡ Pobre señor ! Estoy segura que viene a verte . Don Juan Manuel se había detenido en medio del camino , y levantándose sobre los estribos y quitándose el chambergo , nos saludaba . Después , con voz poderosa , que fué repetida por un eco lejano , gritó :
Précédent Page 18 sur 42 Page 18 sur 42 Suivant Continuez à lire avec les traductions Créez un compte gratuit : 7 jours de Pro, puis 20 traductions de mots par jour ou une formule payante.