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Se levantó , y acercándose a una ventana , miró a través de los vidrios emplomados si abonanzaba el tiempo . El sol aparecía apenas entre densos nubarrones . Un instante permaneció Don Juan Manuel contemplando el aspecto del cielo . Después volvióse hacia nosotros : — Llego hasta mis molinos que están ahí cerca y vuelvo a buscarte . . . Puesto que tienes la manía de leer , en el Pazo te daré un libro antiguo , pero de letra grande y clara , donde todas estas historias están contadas muy por largo . Don Juan Manuel acabó de vaciar el vaso , y salió de la biblioteca haciendo sonar las espuelas . Cuando se perdió en el largo corredor el eco de sus pasos , Concha se levantó apoyándose en el sillón y vino hacia mí : Era toda blanca como un fantasma . En el fondo del laberinto cantaba la fuente como un pájaro escondido , y el sol poniente doraba los cristales del mirador donde nosotros esperábamos . Era tibio y fragante : Gentiles arcos cerrados por vidrieras de colores le flanqueaban con ese artificio del siglo galante que imaginó las pavanas y las gavotas . En cada arco , las vidrieras formaban tríptico y podía verse el jardín en medio de una tormenta , en medio de una nevada y en medio de un aguacero . Aquella tarde el sol de Otoño penetraba hasta el centro como la fatigada lanza de un héroe antiguo . Concha , inmóvil en el arco de la puerta , miraba hacia el camino suspirando . En derredor volaban las palomas . La pobre Concha enojárase conmigo porque oía sonriendo el relato de una celeste aparición , que le fuera acordada hallándose dormida en mis brazos . Era un sueño como los tenían las santas de aquellas historias que me contaba cuando era niño , la dama piadosa y triste que entonces habitaba el Palacio . Recuerdo aquel sueño vagamente : Concha estaba perdida en el laberinto , sentada al pie de la fuente y llorando sin consuelo . En esto se le apareció un Arcángel : No llevaba espada ni broquel : Era cándido y melancólico como un lirio : Concha comprendió que aquel adolescente no venía a pelear con Satanás . Le sonrió a través de las lágrimas , y el Arcángel extendió sobre ella sus alas de luz y la guió . . . El laberinto era el pecado en que Concha estaba perdida , y el agua de la fuente eran todas las lágrimas que había de llorar en el Purgatorio . A pesar de nuestros amores , Concha no se condenaría . Después de guiarla através de los mirtos verdes e inmóviles , en la puerta del arco donde se miraban las dos Quimeras , el Arcángel agitó las alas para volar . Concha , arrodillándose , le preguntó si debía entrar en su convento , el Arcángel no respondió . Concha , retorciéndose las manos , le preguntó si debía deshojar en el viento la flor de sus amores , el Arcángel no respondió . Concha , arrastrándose sobre las piedras , le preguntó si iba a morir , el Arcángel tampoco respondió , pero Concha sintió caer dos lágrimas en sus manos . Las lágrimas le rodaban entre los dedos como dos diamantes . Entonces Concha había comprendido el misterio de aquel sueño . . . La pobre al contármelo suspiraba y me decía :
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