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— ¡ Ay ! . . . ¡ Hija de mi alma , mira que no puedo contigo ! . . . María Fernanda abrió los ojos cargados con ese sueño cándido y adorable de los niños . Su madre se inclinó para alcanzar el reloj que tenía en un joyero , con las sortijas y el rosario : — Las doce , y estas niñas todavía en pie . No te duermas , hija mía . Y procuraba incorporar a María Fernanda , que ahora reclinaba la cabeza en un brazo del canapé : — En seguida os acuestan . Y con la sonrisa desvaneciéndose en la rosa marchita de su boca , quedóse contemplando a la más pequeña de sus hijas , que dormía en brazos de Isabel , con el cabello suelto como un angelote sepultado en ondas de oro : — ¡ Pobrecilla , me da pena despertarla ! Y volviéndose a mí , añadió : — ¿ Quieres llamar , Xavier ? Al mismo tiempo Isabel trató de levantarse con la niña : — No puedo : Pesa demasiado . Y sonrió dándose por vencida , con los ojos fijos en los míos . Yo me acerqué , y cuidadosamente cogí en brazos a la pequeña sin despertarla : La onda de oro desbordó sobre mi hombro . En aquel momento oímos en el corredor los pasos lentos de Candelaria que venía en busca de las niñas para acostarlas . Al verme con María Isabel en brazos , acercóse llena de familiar respeto : — Yo la tendré , Señor Marqués . No se moleste más . Y sonreía , con esa sonrisa apacible y bondadosa que suele verse en la boca desdentada de las abuelas . Silencioso por no despertar a la niña , la detuve con un gesto . Levantóse mi prima Isabel y tomó de la mano a María Fernanda , que lloraba porque su madre la acostase . Su madre le decía besándola : — ¿ Quieres que se ofenda Isabel ? Y Concha nos miraba vacilante , deseosa por complacer a su hija : — ¡ Dime , quieres que se ofenda ? . . . La niña volvióse a Isabel , suplicantes los ojos todavía adormecidos : — ¿ Tú te ofendes ? — ¡ Me ofendo tanto , que no dormiría aquí ! La pequeña sintió una gran curiosidad : — ¿ Adónde irías a dormir ? — ¿ Adónde había de ir ? ¡ A casa del cura ! La niña comprendió que una dama de la casa de Bendaña sólo debía hospedarse en el Palacio de Brandeso , y con los ojos muy tristes se despidió de su madre . Concha quedó sola en el tocador . Cuando volvimos de la alcoba donde dormían las niñas , la encontramos llorando . Isabel me dijo en voz baja : — ¡ Cada día está más loca por ti ! Concha sospechó que era otra cosa lo que me decía y a través de las lágrimas nos miró con ojos de celosa . Isabel aparentó no advertirlo : Sonriendo entró delante de mí y fué a sentarse en el canapé al lado de Concha . — ¿ Qué te pasa , primacha ? Concha , en vez de responder , se llevó el pañuelo a los ojos y después lo desgarró con los dientes . Yo la miré con una sonrisa de sutil inteligencia , y vi florecer las rosas en sus mejillas . Al cerrar la puerta del salón que me servía de alcoba , distinguí en el fondo del corredor una sombra blanca que andaba lentamente , apoyándose en el muro . Era Concha . Llegó sin ruido :
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