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— ¡ No ! ¡ No ! ¡ No ! . . . — Sí . — Vanidoso . — ¿ Pues entonces , para qué quieres tenerme a tu lado ? Concha me echó los brazos al cuello y exclamó riendo , después de besarme : — ¡ La verdad es que si tanto te envaneces de mi cariño será porque vale mucho ! — ¡ Muchísimo ! Concha pasó sus manos por mis cabellos , con una caricia lenta : — Déjalas ir , Xavier . . . Ya ves que te prefiero a mis hijas . . . Yo , como un niño abandonado y sumiso , apoyé la frente sobre su pecho y entorné los párpados , respirando con anhelo delicioso y triste aquel perfume de flor que se deshojaba : — Haré cuanto tú quieras . ¿ No lo sabes ? Concha murmuró , mirándome en los ojos y bajando la voz : — ¿ Entonces no irás a Lantañón ? — No . — ¿ Te contraría ? — No . . . Lo siento por las niñas , que estaban consentidas . — Pueden ir ellas con Isabel . . . Las acompaña el mayordomo . En aquel momento un aguacero repentino azotó los cristales y los follajes del jardín . Las nubes oscurecieron el sol . Quedó la tarde en esa luz otoñal y triste que parece llena de alma . María Fernanda entró muy afligida : — ¿ Has visto qué mala suerte tenemos , Xavier ? ¡ Ya está lloviendo ! Después entró María Isabel : — ¿ Si escampa nos dejas ir , mamá ? Concha respondió : — Escampando , sí . Y las dos niñas fueron a enterrarse en el fondo de una ventana : Con la cara pegada a los cristales miraban llover . Las nubes pesadas y plomizas iban a congregarse sobre la Sierra de Céltigos , en un horizonte de agua . Los pastores , dando voces a sus rebaños , bajaban presurosos por los caminos , encapuchados en sus capas de juncos . El arco iris cubría el jardín , y los cipreses oscuros y los mirtos verdes y húmedos parecían temblar en un rayo de anaranjada luz . Candelaria con la falda recogida y chocleando las madreñas , andaba encorvada bajo un gran paraguas azul cogiendo rosas para el altar de la capilla . La capilla era húmeda , tenebrosa , resonante . Sobre el retablo campeaba un escudo de diez y seis cuarteles , esmaltados de gules y de azur , de sable y de sinople , de oro y de plata . Era el escudo concedido por ejecutorias de los Reyes Católicos al Capitán Alonso Bendaña , fundador del Mayorazgo de Brandeso : ¡ Aquel Capitán que en los Nobiliarios de Galicia tiene una leyenda bárbara ! Cuentan que habiendo hecho prisionero en una cacería a su enemigo el Abad de Mos , le vistió con pieles de lobo y le soltó en el monte , donde el Abad murió atarazado por los perros . Candelaria , la niñera de Concha , que como todos los criados antiguos , sabía historias y genealogías de la casa de sus señores , solía en otro tiempo referirnos la leyenda del Capitán Alonso Bendaña , como la refieren los viejos Nobiliarios que ya nadie lee . Además , Candelaria sabía que dos enanos negros se habían llevado al infierno el cuerpo del Capitán . ¡ Era tradicional que en el linaje de Brandeso los hombres fuesen crueles y las mujeres piadosas !
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