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No pudo hablar . Su cabeza lívida desfallecía sobre el respaldo del sillón . Candelaria fué corriendo al tocador y trajo un pomo de sales . Concha exhaló un suspiro y abrió los ojos llenos de vaguedad y de extravío , como si despertase de un sueño poblado de quimeras . Fijando en mí la mirada , murmuró débilmente : — No ha sido nada . Siento únicamente el susto tuyo . Después , pasando la mano por la frente , respiró con ansia . La obligué a que bebiese unos sorbos de caldo . Reanimóse , y su palidez se iluminó con tenue sonrisa . Me hizo sentar , y continuó tomando el caldo por sí misma . Al terminar , sus dedos delicados alzaron la copa del vino y me la ofrecieron trémulos y gentiles : Por complacerla humedecí los labios : Concha apuró después la copa y no volvió a beber en toda la noche . Estábamos sentados en el sofá y hacía mucho tiempo que hablábamos . La pobre Concha me contaba su vida durante aquellos dos años que estuvimos sin vernos . Una de esas vidas silenciosas y resignadas que miran pasar los días con una sonrisa triste , y lloran de noche en la oscuridad . Yo no tuve que contarle mi vida . Sus ojos parecían haberla seguido desde lejos , y la sabían toda . ¡ Pobre Concha ! Al verla demacrada por la enfermedad , y tan distinta y tan otra de lo que había sido , experimenté un cruel remordimiento por haber escuchado su ruego aquella noche en que llorando y de rodillas , me suplicó que la olvidase y que me fuese . ¡ Su madre , una santa enlutada y triste , había venido a separarnos ! Ninguno de nosotros quiso recordar el pasado y permanecimos silenciosos . Ella resignada . Yo con aquel gesto trágico y sombrío que ahora me hace sonreir . Un hermoso gesto que ya tengo un poco olvidado , porque las mujeres no se enamoran de los viejos , y sólo está bien en un Don Juan juvenil . ¡ Ay , si todavía con los cabellos blancos , y las mejillas tristes , y la barba senatorial y augusta , puede quererme una niña , una hija espiritual llena de gracia y de candor , con ella me parece criminal otra actitud que la de un viejo prelado , confesor de princesas y teólogo de amor ! Pero a la pobre Concha el gesto de Satán arrepentido la hacía temblar y enloquecer : Era muy buena , y fué por eso muy desgraciada . La pobre , dejando asomar a sus labios aquella sonrisa doliente que parecía el alma de una flor enferma , murmuró : — ¡ Qué distinta pudo haber sido nuestra vida ! — ¡ Es verdad ! . . . Ahora no comprendo cómo obedecí tu ruego . Fué sin duda porque te vi llorar . — No seas engañador . Yo creí que volverías . . . ¡ Y mi madre tuvo siempre ese miedo ! — No volví porque esperaba que tú me llamases . ¡ Ah , el Demonio del orgullo ! — No , no fué el orgullo . . . Fué otra mujer . . . Hacía mucho tiempo que me traicionabas con ella . Cuando lo supe , creí morir . ¡ Tan desesperada estuve , que consentí en reunirme con mi marido ! Cruzó las manos mirándome intensamente , y con la voz velada , y temblando su boca pálida , sollozó : — ¡ Qué dolor cuando adiviné por qué no habías venido ! ¡ Pero no he tenido para tí un solo día de rencor !
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