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— Sí — dijo al fin con apagada voz . — Nuestra casa no existe ; no tenemos nada ; lo hemos perdido todo . Esta mañana , cuando saliste de allá , una bomba deshizo el techo . Luego cayeron otras dos . . . — ¿ Y tu padre ? — Mi padre está allá y no quiere abandonar las ruínas de la casa . Yo he estado todo el día buscándote para que nos dieras algún socorro . Me he metido entre el fuego ; he estado en todas las calles del arrabal ; he subido á algunas casas . Creí que habías muerto . Agustín se sentó en el hueco de una puerta , y abrigando á Mariquilla con su capote , la sostuvo en sus brazos como se sostiene á un niño . Repuesta de su desmayo pudo seguir hablando , y entonces nos dijo que no habían podido salvar ningún objeto , y que apenas tuvieron tiempo para huir . La infeliz temblaba de frío : poniéndole mi capote sobre el que ya tenía , tratamos de llevarla á la casa que guarnecíamos . — No — dijo . — Quiero volver al lado de mi padre . Está loco de desesperación , y dice mil blasfemias , injuriando á Dios y á los santos . No he podido arrancarle de aquello que fué nuestra casa . Carecemos de alimento . Los vecinos no han querido darle nada . Si ustedes no quieren llevarme allá , me iré yo sola . — No , Mariquilla , no : no irás allá — dijo Montoria ; — te pondremos en una de estas casas , donde , al menos por esta noche , estarás segura , y entre tanto Gabriel irá en busca de tu padre , y llevándole algo de comer , de grado ó por fuerza le sacará de allí . Insistió la Candiola en volver á la calle de Antón Trillo ; pero como apenas tenía fuerzas para moverse , la llevamos en brazos á una casa de la calle de los Clavos , donde estaba Manuela Sancho . XIX Cesado el fuego de cañón y de fusil , un gran resplandor iluminaba la ciudad . Era el incendio de la Audiencia , que , comenzando cerca de la media noche , había tomado terribles proporciones , y devoraba por sus cuatro costados aquel hermoso edificio . Sin atender más que á mi objeto , seguí presuroso hasta la calle de Antón Trillo . La casa del tío Candiola había estado ardiendo todo el día , y al fin , sofocada la llama entre los escombros de los techos hundidos , de entre las paredes agrietadas salía negra columna de humo . Los huecos , perdida su forma , eran unos agujeros irregulares por donde se veía el cielo , y el ladrillo desmoronado formaba una dentelladura desigual en lo que fué arquitrabe . Parte del lienzo de pared que daba frente á la huerta se había venido al suelo , obstruyendo ésta en términos que habían desaparecido el antepecho y la escalerilla de piedra , llegando el cascajo hasta la misma tapia de la calle . En medio de estas ruínas , subsistía incólume el ciprés , cual pensamiento que permanece vivo al sucumbir la materia , y alzaba su negra cima como un monumento conmemorativo .
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