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Mentira , yo digo que mentira . Dicen que no dió nada para la guerra : pues ahora se dará todo lo que tenemos . En el sótano de casa hay enterrado mucho dinero . Yo le diré á usted dónde está , y pueden llevárselo todo . Dicen que no ha tomado las armas . Yo las tomaré ahora : no temo las balas , no me asusta el ruido del cañón , no me asusto de nada ; volaré al sitio de mayor peligro , y allí donde no puedan resistir los hombres me pondré yo sola ante el fuego . Yo sacaré con mis manos la tierra de las minas , y haré agujeros para llenar de pólvora todo el suelo que ocupan los franceses . Dígame usted si hay algún castillo que tomar , ó alguna muralla que defender , porque nada temo , y de todas las personas que aún viven en Zaragoza , yo seré la última que se rinda . — ¡ Desgraciada niña ! — murmuró el patriota alzándola del suelo . — Vámonos , vámonos de aquí . — Señor de Araceli — ordenó el jefe de la fuerza , que era uno de los presentes , — puesto que el capitán D . Agustín Montoria no está en su puesto , encárguese usted del mando de la compañía . — No , asesinos de mi padre — exclamó María , no ya exasperada , sino furiosa como una leona . — No mataréis al inocente . Cobardes , verdugos : los traidores sois vosotros , no él . No podéis vencer á vuestros enemigos , y os gozáis en quitar la vida á un infeliz anciano . Militares , ¿ á qué habláis de vuestro honor , si no sabéis lo que es eso ? Agustín , ¿ dónde estás ? Sr . D . José de Montoria , esto que ahora pasa es una ruín venganza , tramada por usted , hombre rencoroso y sin corazón . Mi padre no ha hecho mal á nadie . Ustedes intentaban robarle . . . Bien hacía él en no querer dar su harina , porque los que se llaman patriotas , son negociantes que especulan con las desgracias de la ciudad . . . No puedo arrancar á estos crueles una palabra compasiva . Hombres de bronce , bárbaros , mi padre es inocente , y si no lo es , bien hizo en vender la ciudad . Siempre le darían más de lo que ustedes valen . . . ¿ Pero no hay uno , uno tan sólo que se apiade de él y de mí ? — Vamos : retirémosla , señores ; llevarla á cuestas . ¡ Infeliz joven ! — dijo Montoria . — Esto no puede prolongarse . ¿ En dónde se ha metido mi hijo ? Se la llevaron , y durante un rato oí desde la plazuela sus gritos desgarradores . — Buenas noches , señor de Araceli — me dijo Montoria . — Voy á ver si hay un poco de agua y vino que dar á esa pobre huérfana . XXX Vete lejos de mí , horrible pesadilla . No quiero dormir . Pero el mal sueño que anhelo desechar vuelve á mortificarme . Quiero borrar de mi imaginación la lúgubre escena ; pero pasa una noche y otra , y la escena no se borra . Yo , que en tantas ocasiones he afrontado sin pestañear los mayores peligros , hoy tiemblo : mi cuerpo se estremece , y helado sudor corre por mi frente . La espada teñida en sangre de franceses se cae de mis manos , y cierro los ojos para no ver lo que pasa delante de mí .
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