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Doña Guillermina había sacado del Hospital a Mauricia , trasladándola a casa de la hermana de esta , y la asistía el médico de la Beneficencia Domiciliaria y de la Junta de señoras . La infeliz tarasca viciosa , con estos cuidados y las ternezas de doña Guillermina , y más aún , con la proximidad de la muerte , estaba que parecía otra , curada de sus maldades y arrepentida en toda la extensión de la palabra , diciendo que se quería morir lo más católicamente posible , y pidiendo perdón a todos con unos ayes y una religiosidad tan fervientes que partían el corazón . « Te digo que si esto es verdad , habrá que alquilar balcones para verla morir . Mañana nos vamos allá » . Doña Lupe no iba a ver a Mauricia por pura caridad . Tiempo hacía que Guillermina la fascinaba , más por el señorío que por la virtud , y ya que la gran fundadora iba a hacer patente su santidad , teniendo por corte a las damas más encopetadas , en lugar accesible a doña Lupe , ¿ por qué no había esta de intentar meter la jeta ? Pues qué , ¿ no era ella también dama ? Sobre estos particulares habló largamente con Casta Moreno , que algunas noches iba de tertulia con sus dos hijas a casa de Rubín , y la viuda de Samaniego se hacía lenguas de Guillermina , conceptuándola sobrenatural . ¡ Y era pariente suya , lejana , por los Morenos ! El amor propio y el orgullo inflaban a doña Lupe cuando se consideraba mangoneando en cosas de beneficencia elegante a las órdenes de la ilustre fundadora . Una contra tendría esto si llegaba a realizarse , y era que no había más remedio que dar algo de guano . A la mañana siguiente , vistiéndose para salir , pensó mi doña Lupe si debería ponerse el abrigo de terciopelo . Pero pronto cayó en la cuenta de que era un disparate . Sobre que se le mojaría , porque el día estaba lluvioso , no era propio aquel regio atavío del lugar , personas y ocasión de la visita . Tiempo tenía de darse pisto con el abrigo , la capota y otras prendas . Encargó a Fortunata que se vistiese con sencillez , y ella se puso algo más apañadita , de modo que resultase siempre la conveniente distancia . - VI - Naturalismo espiritual - i - Al entrar en la calle de Mira el Río , encontraron a Severiana , a quien doña Lupe había visto algunas veces . Llevaba un vaso con medicina , tapado con un papel a estilo de botica antigua . Doña Lupe la interrogó , y enterada la otra de que iban a ver a su hermana , hizo gustosamente de introductora , guiándolas por el sucio portal , la menos sucia y tortuosa escalera , hasta llegar al corredor . Ya se sabe que la vivienda de Severiana era una de las mejores de aquel falansterio , y que por su capacidad y arreglo bien podía pasar por lujosa en semejante vecindad . Vivía en compañía con aquélla una tal doña Fuensanta , viuda de un comandante , y la casa respondía a esta situación comanditaria , pues constaba de dos salitas enteramente iguales , cada una con ventana a la calle .
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