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— Mira , tú — dijo Maximiliano con el acento más grave del mundo y como quien hace una confidencia importante — . Eso del Mesías , acá para entre los dos , no lo he creído yo nunca , ni era dogma ni cosa que lo valga . Lo dije porque tuve un sueño , y al despertar se me quedó parte de él en la cabeza , y me andaba aquí dentro como un cascabel . Lo que hay es que me había entrado en aquellos días una idea de lo más estrafalario que te puedas imaginar , una idea que debía de ser criada aquí en el seno cerebral donde fermenta eso que llaman celos . ¿ Qué creerás que era ? Pues que mi mujer me faltaba y estaba en cinta . ¿ Ves qué disparate ? — Ave María Purísima , ¡ qué barbaridad ! — Sentía en mí , detrás de aquella idea , una calentura de celos que me abrasaba . Para averiguar si era fundada aquella pícara idea , fui ¿ y qué hice ? Pues saqué la cancamurria del Mesías que iba a venir , diciéndole que ella lo tenía en su seno y que el papá era el Pensamiento Puro . . . En fin , que con esta farsa pensaba yo arrancarle la confesión de lo que se me había metido entre ceja y ceja . ¿ Qué resultó ? Nada , porque aquella noche me puse muy enfermo ; pero después he comprendido mi desatino , he visto claro , muy claro , y . . . Dios la perdone . Empezó a tomar su café , y en tanto Juan Pablo se decía con tristeza : « ¡ Pero qué malo está esta noche ! ¡ Dios , qué malo ! » . Maxi repitió hasta seis veces el Dios la perdone , y cuando entraron Leopoldo Montes y otro amigo , se calló . A la hora y media de tertulia , dio en celebrar con extrema hilaridad los donaires que Montes contaba . Después tomó parte en la conversación , expresándose con tanta serenidad y con juicios tan acertados , que se maravillaban de oírle todos los presentes . Juan Pablo discurría así : « Pues no está tan guillati como pensé , y lo que dijo antes revela más bien talento agudísimo . ¡ Por vida de la santísima uña del diablo ! Si consigo yo ponerte bueno , mi querida tía , alias la baronesa de Rothschild , no tendrá más remedio que hincar la jeta y darme lo que necesito » . - IV - Vida nueva - i - El 4 del mes de Enero , Fortunata sintió un campanillazo y salió a abrir , mirando antes por el ventanillo , cubierto de una chapa de hierro con agujeros ( estilo primitivo ) . Era Estupiñá , que miraba a los tales agujeritos del modo más autoritario . Abrió la joven , y el gran Plácido , con gesto displicente , las cejas algo fruncidas , mostrando en una mano el bastón cuyo puño era una cabeza de cotorra ( regalo que le trajeron de Sevilla los señoritos de Santa Cruz ) , alargó con la otra un papel que tenía un sello . « El recibo del mes » dijo en tono de déspota asiático que dicta una orden de pena de muerte . — Pase , D . Plácido ( sonriendo con gracia ) . Tengo que hablarle .
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