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Faltábale tiempo a la buena señora para dar parte a sus amigas del feliz suceso ; no sabía hablar de otra cosa , y aunque desmadejada ya y sin fuerzas a causa del trabajo y de los alumbramientos , cobraba nuevos bríos para entregarse con delirante actividad a los preparativos de boda , al equipo y demás cosas . ¡ Qué proyectos hacía , qué cosas inventaba , qué previsión la suya ! Pero en medio de su inmensa tarea , no cesaba de tener corazonadas pesimistas , y exclamaba con tristeza : « ¡ Si me parece mentira ! . . . ¡ Si yo no he de verlo ! . . . » . Y este presentimiento , por ser de cosa mala , vino a cumplirse al cabo , porque la alegría inquieta fue como una combustión oculta que devoró la poca vida que allí quedaba . Una mañana de los últimos días de Diciembre , Isabel Cordero , hallándose en el comedor de su casa , cayó redonda al suelo como herida de un rayo . Acometida de violentísimo ataque cerebral , falleció aquella misma noche , rodeada de su marido y de sus consternados y amantes hijos . No recobró el conocimiento después del ataque , no dijo esta boca es mía , ni se quejó . Su muerte fue de esas que vulgarmente se comparan a la de un pajarito . Decían los vecinos y amigos que había reventado de gusto . Aquella gran mujer , heroína y mártir del deber , autora de diez y siete españoles , se embriagó de felicidad sólo con el olor de ella , y sucumbió a su primera embriaguez . En su muerte la perseguían las fechas célebres , como la habían perseguido en sus partos , cual si la historia la rondara deseando tener algo que ver con ella . Isabel Cordero y D . Juan Prim expiraron con pocas horas de diferencia . - V - Viaje de novios - i - La boda se verificó en Mayo del 71 . Dijo D . Baldomero con muy buen juicio que pues era costumbre que se largaran los novios , acabadita de recibir la bendición , a correrla por esos mundos , no comprendía fuese de rigor el paseo por Francia o por Italia , habiendo en España tantos lugares dignos de ser vistos . Él y Barbarita no habían ido ni siquiera a Chamberí , porque en su tiempo los novios se quedaban donde estaban , y el único español que se permitía viajar era el duque de Osuna , D . Pedro . ¡ Qué diferencia de tiempos ! . . . Y ahora , hasta Periquillo Redondo , el que tiene el bazar de corbatas al aire libre en la esquina de la casa de Correos había hecho su viajecito a París . . . Juanito se manifestó enteramente conforme con su papá , y recibida la bendición nupcial , verificado el almuerzo en familia sin aparato alguno a causa del luto , sin ninguna cosa notable como no fuera un conato de brindis de Estupiñá , cuya boca tapó Barbarita a la primera palabra ; dadas las despedidas , con sus lágrimas y besuqueos correspondientes , marido y mujer se fueron a la estación . La primera etapa de su viaje fue Burgos , a donde llegaron a las tres de la mañana , felices y locuaces , riéndose de todo , del frío y de la oscuridad .
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