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— Hijo de mi alma , si te dejé con Plácido y tu mamá . . . Perdóname , ya estoy aquí . Jacinta parecía alegre , Dios sabría por qué . . . Inclinose sobre el lecho y empezó a hacerle mimos a su marido , como podría hacérselos a un niño de tres años . — ¡ Ay , qué mañosito se me ha vuelto este nene ! . . . Le voy a dar azotes . . . Toma , este por tu mamá , este por tu papá y este grande . . . por tu parienta . . . — ¡ Rica ! — Si no me quieres nada . — Anda , zalamera . . . quien no me quiere nada eres tú . — Nada en gracia de Dios . — ¿ Cuánto me quieres ? — Tanto así . — Es poco . — Pues como de aquí a la Cibeles . . . no al Cielo . . . ¿ Estás satisfecho ? — Chí . Jacinta se puso seria . « Arréglame esta almohada » . — ¿ Así ? — No , más alta . — ¿ Estás bien ? — No , más bajita . . . Magnífico . Ahora , ráscame aquí , en la paletilla . — ¿ Aquí ? — Más abajito . . . más arribita . . . ahí . . . fuerte . . . ¡ Ay , niña de mi vida , eres la gloria eterna ! . . . ¡ Qué dicha la mía en poseerte ! . . . « Cuando estás malo es cuando me dices esas cosas . . . Ya me las pagarás todas juntas » . — Sí , soy un pillo . . . Pégame . — Toma , toma . — Cómeme . . . — Sí , que te como , y te arranco un bocado . . . — ¡ Ay ! ¡ ay ! , no tanto , caramba . ¡ Si alguien nos viera ! . . . — Creería que nos habíamos vuelto tontos rematados — observó Jacinta riéndose con cierta melancolía . — Estas simplezas no son para que las vea nadie . . . — ¿ Cierras los ojos ? Duérmete , a . . . rorró . . . — Eso es , quieres que me duerma para echar a correr a darle cuerda a esa maniática de Guillermina . Tú eres responsable de que se chifle por completo , porque le fomentas el tema del edificio . . . Ya estás deseando que cierre yo los ojos para irte . Más que estar conmigo te gusta el palique . ¿ Sabes lo que te digo ? Que si me duermo , te tienes que estar aquí , de centinela , para cuidar de que no me destape . — Bueno , hombre , bueno ; me estaré . Quedose aletargado ; pero en seguida abrió los ojos , y lo primero que vieron fue los de Jacinta , fijos en él con atención amante . Cuando se durmió de veras , la centinela abandonó su puesto para correr al lado de Guillermina con quien tenía pendiente una interesantísima conferencia . - IX - Una visita al Cuarto Estado - i - Al día siguiente , el Delfín estaba poco más o menos lo mismo . Por la mañana , mientras Barbarita y Plácido andaban por esas calles de tienda en tienda , entregados al deleite de las compras precursoras de Navidad , Jacinta salió acompañada de Guillermina . Había dejado a su esposo con Villalonga , después de enjaretarle la mentirilla de que iba a la Virgen de la Paloma a oír una misa que había prometido . El atavío de las dos damas era tan distinto , que parecían ama y criada . Jacinta se puso su abrigo , sayo o pardessus color de pasa , y Guillermina llevaba el traje modestísimo de costumbre .
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