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VI El Reloj de Catedral enmudece . Aún quedan en el aire las doce campanadas , y espantan la cresta los gallos de las veletas . Se consultan sobre los tejados los gatos , y asoman por las guardillas bultos en camisa . Se ha vuelto loco el esquilón de las Madres . Por el Arquillo cornea una punta de toros y los cabestros en fuga tolondrean la cencerra . Estampidos de pólvora . Militares toques de cornetas . Un tropel de monjas pelonas y encamisadas acude con voces y devociones a la profanada puerta del convento . Por remotos rumbos ráfagas de tiroteos . Revueltos caballos . Tumultos con asustados clamores . Contrarias mareas del gentío . Los tigres , escapados de sus jaulones , rampan con encendidos ojos por los esquinales de las casas . Por un terradillo blanco de luna , dos sombras fugitivas arrastran un piano negro . A su espalda , la bocana del escotillón vierte borbotones de humo entre lenguas rojas . Con las ropas incendiadas , las dos sombras , cogidas de la mano , van en un correr por el brocal del terradillo , se arrojan a la calle cogidas de la mano . Y la luna , puesta la venda de una nube , juega con las estrellas a la gallina ciega , sobre la revolucionada Santa Fe de Tierra Firme . VII Lupita la Romántica suspira en el trance magnético , con el blanco de los ojos siempre vuelto sobre el misterio . EPÍLOGO EPÍLOGO I — ¡ Chac ! ¡ Chac ! El Tirano , cauto , receloso , vigila las defensas , manda construir faginas y parapetos , recorre baluartes y trincheras , dicta órdenes : — ¡ Chac ! ¡ Chac ! Encorajinándose con el poco ánimo que mostraban las guerrillas , jura castigos muy severos a los cobardes y traidores : Le contraría fallarse de su primer propósito , que había sido caer sobre la ciudad revolucionada y ejemplarizarla con un castigo sangriento . Rodeado de sus ayudantes , con taciturno despecho , se retira del frente luego de arengar a las compañías veteranas , de avanzada en el Campo de la Ranita : — ¡ Chac ! ¡ Chac ! II Antes del alba se vio cercado por las partidas revolucionarias y los batallones sublevados en los cuarteles de Santa Fe . Para estudiar la positura y maniobra de los asaltantes subió a la torre sin campanas : El enemigo , en difusas líneas , por los caminos crepusculares , descubría un buen orden militar : Aún no estrechaba el cerco , proveyendo a los aproches con paralelas y trincheras . Advertido del peligro , extremaba su mueca verde Tirano Banderas . Dos mujerucas raposas cavaban con las manos en torno del indio soterrado hasta los ijares en la campa del convento : — ¡ Ya me dan por caído esas comadritas ! ¿ Qué haces vos , centinela pendejo ? El centinela apuntó despacio : — Están mal puestas para enfilarlas . — ¡ Ponle al cabrón una bala y que se repartan la cuera ! Disparó el centinela , y suscitose un tiroteo en toda la línea de avanzadas . Las dos mujerucas quedaron caídas en rebujo , a los flancos del indio , entre los humos de la pólvora , en el aterrorizado silencio que sobrevino tras la ráfaga de plomo . Y el indio , con un agujero en la cabeza , agita los brazos , despidiendo a las últimas estrellas . El Generalito : — ¡ Chac ! ¡ Chac !
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