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En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo , Soria , mi corazón se abreva . Tierra de alma , toda , hacia la tierra mía , por los floridos valles , mi corazón te lleva . En el tren . - - abril , 1913 . XXI . Al maestro « Azorín » , por su libro Castilla La venta de Cidones está en la carretera que va de Soria a Burgos . Leonarda , la ventera , que llaman la Ruipérez , es una viejecita que aviva el fuego donde borbolla la marmita . Ruipérez , el ventero , un viejo diminuto - - bajo las cejas grises , dos ojos de hombre astuto - - contempla silencioso la lumbre del hogar . Se oye la marmita al fuego borbollar . Sentado ante una mesa de pino , un caballero escribe . Cuando moja la pluma en el tintero , dos ojos tristes lucen en un semblante enjuto . El caballero es joven , vestido va de luto . El viento frío azota los chopos del camino . Se ve pasar de polvo un blanco remolino . La tarde se va haciendo sombría . El enlutado , la mano en la mejilla , medita ensimismado . Cuando el correo llegue , que el caballero aguarda , la tarde habrá caído sobre la tierra parda de Soria . Todavía los grises serrijones , con ruinas de encinares y mellas de aluviones , las lomas azuladas , las agrias barranqueras , picotas y colinas , ribazos y laderas del páramo sombrío por donde cruza el Duero , darán al sol de ocaso un resplandor de acero . La venta se oscurece . El rojo lar humea . La mecha de un mohoso candil arde y chispea . El enlutado tiene clavados en el fuego los ojos largo rato ; se los enjuga luego con un pañuelo blanco . ¿ Por qué le hará llorar el son de la marmita , el ascua del hogar ? Cerró la noche . Lejos se escucha el traqueteo y el galopar de un coche que avanza . Es el correo . XXII . Caminos De la ciudad moruna tras las murallas viejas , yo contemplo la tarde silenciosa , a solas con mi sombra y con mi pena . El río va corriendo , entre sombrías huertas y grises olivares por los alegres campos de Baeza . Tienen las vides pámpanos dorados sobre las rojas cepas . Guadalquivir como un alfanje roto y disperso reluce y espejea . Lejos , los montes duermen envueltos en la niebla , niebla de otoño , maternal ; descansan las rudas moles de su ser de piedra en esta tibia tarde de noviembre , tarde piadosa , cárdena y violeta . El viento ha sacudido los mustios olmos de la carretera , levantando en rosados torbellinos el polvo de la tierra . La luna está subiendo amoratada , jadeante y llena . Los caminitos blancos se cruzan y se alejan , buscando los dispersos caseríos del valle y de la sierra . Caminos de los campos . . . ¡ Ay , ya no puedo caminar con ella ! XXIII . Señor , ya me arrancaste lo que yo más quería Oye otra vez , Dios mío , mi corazón clamar . Tu voluntad se hizo , Señor , contra la mía . Señor , ya estamos solos mi corazón y el mar . XXIV . Dice la esperanza : un día la verás , si bien esperas . Dice la desesperanza : sólo tu amargura es ella . Late , corazón . . . No todo se lo ha tragado la tierra .
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