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¿ Todo es soledad de soledades , vanidad de vanidades , que dijo el Eclesiastés ? Mi paraguas , mi sombrero , mi gabán . . . . El aguacero amaina . . . Vámonos , pues . Es de noche . Se platica al fondo de una botica . - - Yo no sé , Don José , cómo son los liberales tan perros , tan inmorales . - - ¡ Oh , tranquilícese usted ! Pasados los carnavales , vendrán los conservadores , buenos administradores de su casa . Todo llega y todo pasa . Nada eterno , ni gobierno que perdure , ni mal que cien años dure . - - Tras estos tiempos , vendrán otros tiempos y otros y otros , y lo mismo que nosotros otros se jorobarán . Así es la vida , Don Juan . - - Es verdad , así es la vida . - - La cebada está crecida - - Con estas lluvias . . . Y van las habas que es un primor . - - Cierto ; para marzo , en flor . Pero , la escarcha , los hielos . . . - - Y además , los olivares están pidiendo a los cielos agua a torrentes . - - A mares . ¡ Las fatigas , los sudores que pasan los labradores ! En otro tiempo . . . - - Llovía también cuando Dios quería . - - Hasta mañana , señores . Tic - tic , tic - tic . . . Ya pasó un día como otro día , dice la monotonía del reló . Sobre mi mesa Los datos de la conciencia , inmediatos . No está mal este yo fundamental , contingente y libre , a ratos , creativo , original ; este yo que vive y siente dentro la carne mortal ¡ ay ! por saltar impaciente las bardas de su corral . Baeza , 1913 . XXXIII . Noviembre , 1914 Un año más . El sembrador va echando la semilla en los surcos de la tierra . Dos lentas yuntas aran , mientras pasan las nubes cenicientas ensombreciendo el campo , las pardas sementeras , los grises olivares . Por el fondo del valle el río el agua turbia lleva . Tiene Cazorla nieve , y Mágina , tormenta , su montera , Aznaitín . Hacia Granada , montes con sol , montes de sol y piedra . XXXIV . La saeta ¿ Quién me presta una escalera , para subir al madero , para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno ? SAETA POPULAR . ¡ Oh , la saeta , el cantar al Cristo de los gitanos , siempre con sangre en las manos , siempre por desenclavar ! ¡ Cantar del pueblo andaluz que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz ! ¡ Cantar de la tierra mía , que echa flores al Jesús de la agonía , y es la fe de mis mayores ! ¡ Oh , no eres tú mi cantar ! ¡ No puedo cantar , ni quiero a ese Jesús del madero , sino al que anduvo en el mar ! XXXV . Del pasado efímero Este hombre del casino provinciano , que vió a Cara - ancha recibir un día , tiene mustia la tez , el pelo cano , ojos velados de melancolía ; bajo el bigote gris , labios de hastío , y una triste expresión que no es tristeza sino algo más y menos : el vacío del mundo en la oquedad de su cabeza . Aun luce de corinto terciopelo chaqueta y pantalón abotinado , y un cordobés color de caramelo , pulido y torneado . Tres veces heredó ; tres ha perdido al monte su caudal : dos ha enviudado . Sólo se anima ante el azar prohibido , sobre el verde tapete reclinado , o al evocar la tarde de un torero ,
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