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hundidos , recelosos , movibles ; y trazadas cual arco de ballesta , en el semblante enjuto de pómulos salientes , las cejas muy pobladas . Abunda el hombre malo del campo y de la aldea , capaz de insanos vicios y crímenes bestiales , que bajo el pardo sayo esconde un alma fea , esclava de los siete pecados capitales . Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza guarda su presa y llora la que el vecino alcanza ; ni para su infortunio ni goza su riqueza ; le hieren y acongojan fortuna y malandanza . El numen de estos campos es sanguinario y fiero ; al declinar la tarde , sobre el remoto alcor , veréis agigantarse la forma de un arquero , la forma de un inmenso centauro flechador . Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta - - no fué por estos campos el bíblico jardín - - son tierras para el águila , un trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín . IV . El hospicio Es el hospicio , el viejo hospicio provinciano , el caserón ruinoso de ennegrecidas tejas en donde los vencejos anidan en verano y graznan en las noches de invierno las cornejas . Con su frontón al Norte , entre los dos torreones de antigua fortaleza , el sórdido edificio de grietados muros y sucios paredones , es un rincón de sombra eterna . ¡ El viejo hospicio ! Mientras el sol de enero su débil luz envía , su triste luz velada sobre los campos yermos , a un ventanuco asoman , al declinar el día , algunos rostros pálidos , atónitos y enfermos , a contemplar los montes azules de la sierra ; o , de los cielos blancos , como sobre una fosa , caer la blanca nieve sobre la fría tierra , sobre la tierra fría la nieve silenciosa ! . . . V . El Dios ibero Igual que el ballestero tahur de la cantiga , tuviera una saeta el hombre ibero para el Señor que apedreó la espiga y malogró los frutos otoñales , y un « gloria a ti » para el Señor que grana centenos y trigales que el pan bendito le darán mañana . Señor de la ruina , adoro porque aguardo y porque temo : con mi oración se inclina hacia la tierra un corazón blasfemo . ¡ Señor , por quien arranco el pan con pena sé tu poder , conozco mi cadena ! ¡ Oh dueño de la nube del estío que la campiña arrasa , del seco otoño , del helar tardío , y del bochorno que la mies abrasa ! ¡ Señor del iris , sobre el campo verde donde la oveja pace , Señor del fruto que el gusano muerde y de la choza que el turbión deshace , tu soplo el fuego del hogar aviva , tu lumbre da sazón al rubio grano y cuaja el hueso de la verde oliva , la noche de San Juan , tu santa mano ! ¡ Oh dueño de fortuna y de pobreza , ventura y malandanza , que al rico das favores y pereza y al pobre su dolor y su esperanza ! ¡ Señor , Señor , en la voltaria rueda del año he visto mi simiente echada , corriendo igual albur que la moneda del jugador en el azar sembrada ! ¡ Señor , hoy paternal , ayer cruento , con doble faz de amor y de venganza ,
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