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Otra vez saludó el pabellón de la Montañesa , y otra vez más volvieron á cruzarse vítores , hurras y sombreradas entre la gente de á bordo y la de tierra ; y como si el barco mismo hubiera participado del sentimiento que movía tantos ánimos , haciendo crujir de pronto todo su aparejo , hundió las amuras en el agua hasta salpicar las anclas , que ya venían preparadas sobre capón y boza , y se tendió sobre el costado de babor , dejando al descubierto en el otro , por encima de las lumbres de agua , más de una hilada de reluciente cobre . En esta posición gallarda , meciéndose juguetona en el lecho de hervorosa espuma que ella misma agitaba y producía , se deslizó á lo largo del peñasco , rebasó en un instante del escollo de las Tres hermanas , cargáronse en seguida sus mayores y se arriaron gavias , foques y juanetes ; y muy poco más allá , á la voz resonante y varonil de ¡ fondo ! que se dejó oir perceptible y clara sobre el puente , caía un ancla en el agua y se percibía el áspero sonido de los eslabones , al filar por el escobén más de cuarenta brazas de cadena . Con lo que la airosa corbeta , tras un fuerte estremecimiento , quedó inmóvil sobre las tranquilas aguas del fondeadero de la Osa , como corcel de bríos parado en firme por su jinete á lo mejor de su carrera . III DÓNDE HABÍA CAÍDO LA HUÉRFANA DE MULES Tío Mocejón , el de la calle alta ( porque había otro Mocejón más joven en el Cabildo de Abajo ) , era un marinero chaparrudo , rayano con los sesenta , de color de hígado con grietas , ojos pequeños y verdosos , de bastante barba , casi blanca , muy mal nacida y peor afeitada siempre , y tan recia y arisca como el pelo de su cabeza , en la cual no entraba jamás el peine , y rara , muy rara vez , la tijera . Tenía los andares como todos los de su oficio , torpes y desaplomados ; lo mismo que la voz , las palabras y la conversación . El mirar en tierra , obscuro y desdeñoso . En tierra digo , porque en la mar , como andaba en ella , ó por encima ó alrededor de ella venía cuanto en el mundo podía llamarle la atención , ya era otra cosa . El vil interés y el apego instintivo al mísero pellejo le despertaban en el espíritu los cuidados ; y no hay como la luz de los cuidados para que echen chispas los ojos más mortecinos . En cuanto á genio , mucho peor que la piel , que la barba , las greñas , los andares y la mirada ; no por lo fiero precisamente , sino por lo gruñón , y lo seco , y lo áspero , y lo desapacible .
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