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CAPÍTULO III Cualidades de orden moral que debe poseer el investigador . Las cualidades indispensables al cultivador de la investigación son : la independencia mental , la curiosidad intelectual , la perseverancia en el trabajo , la religión de la patria y el amor a la gloria . De atributos intelectuales no hay que hablar , pues damos por supuesto que el aficionado a las tareas del laboratorio goza de un regular entendimiento , de no despreciable imaginación , y sobre todo de esa armónica ponderación de facultades que vale mucho más que el talento brillante , pero irregular y desequilibrado . Afirma Carlos Richet que en el hombre de genio se juntan los idealismos de Don Quijote al buen sentido de Sancho . Algo de esta feliz conjunción de atributos debe poseer el investigador : temperamento artístico que le lleve a buscar y contemplar el número , la belleza y la armonía de las cosas , y sano sentido crítico capaz de refrenar los arranques temerarios de la fantasía y de hacer que prevalezcan , en esa lucha por la vida entablada en nuestra mente por las ideas , los pensamientos que más fielmente traducen la realidad objetiva . a ) INDEPENDENCIA DE JUICIO Rasgo dominante en los investigadores eminentes es la altiva independencia de criterio . Ante la obra de sus predecesores y maestros no permanecen suspensos y anonadados , sino recelosos y escudriñadores . Aquellos espíritus que , como Vesalio , Eustaquio y Harveo , corrigieron la obra anatómica de Galeno , y aquellos otros llamados Copérnico , Keplero , Newton y Huyghens , que echaron abajo la astronomía de los antiguos , fueron sin duda preclaros entendimientos ; pero , ante todo , poseyeron individualidad mental , ambiciosa y descontentadiza y osadía crítica extraordinaria . De los dóciles y humildes pueden salir los santos , pocas veces los sabios . Tengo para mí que el excesivo cariño a la tradición , el obstinado empeño en fijar la Ciencia en las viejas fórmulas del pasado , cuando no denuncian invencible pereza mental , representan la bandera que cubre los intereses creados por el error . ¡ Desgraciado del que , en presencia de un libro , queda mudo y absorto ! La admiración extremada achica la personalidad y ofusca el entendimiento , que llega a tomar las hipótesis por demostraciones , las sombras por claridades . Harto se me alcanza que no es dado a todos sorprender a la primera lectura los vacíos y lunares de un libro inspirado . La veneración excesiva , como todos los estados pasionales , excluye el sentido crítico . Si después de una lectura sugestiva nos sentimos débiles , dejemos pasar algunos días ; fría la cabeza y sereno el juicio , procedamos a una segunda y hasta a una tercera lectura . Poco a poco los vacíos aparecen ; los razonamientos endebles se patentizan ; las hipótesis ingeniosas se desprestigian y muestran lo deleznable de sus cimientos ; la magia misma del estilo acaba por hallarnos insensibles ; nuestro entendimiento , en fin , reacciona . El libro no tiene en nosotros un devoto , sino un juez . Este es el momento de investigar , de cambiar las hipótesis del autor por otras más razonables , de someterlo todo a crítica severa .
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