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Capítulo XX De un notable caso que sucedió en la isla nevada . A poco tiempo que pasó el día , desde lejos vieron venir una nave gruesa , que les levantó las esperanzas de tener remedio . Amainó las velas , y pareció que se dejaba detener las áncoras , y con diligencia presta arrojaron el esquife a la mar y se vinieron a la playa , donde ya los tristes se arrojaban al esquife . Auristela dijo que sería bien que aguardasen los que venían , por saber quién eran . Llegó el esquife de la nave y encalló en la fría nieve , y saltaron en ella dos , al parecer gallardos y fuertes mancebos , de extremada disposición y brío , los cuales sacaron encima de sus hombros a una hermosísima doncella , tan sin fuerzas y tan desmayada , que parecía que no le daba lugar para llegar a tocar la tierra . Llamaron a voces los que estaban ya embarcados en el otro esquife , y les suplicaron que se desembarcasen a ser testigos de un suceso que era menester que los tuviese . Respondió Mauricio que no había remos para encaminar el esquife si no les prestaban los del suyo . Los marineros , con los suyos , guiaron los del otro esquife y volvieron a pisar la nieve ; luego los valientes jóvenes asieron de dos tablachinas , con que cubrieron los pechos , y , con dos cortadoras espadas en los brazos , saltaron de nuevo en tierra . Auristela , llena de sobresalto y temor , casi con certidumbre de algún nuevo mal , acudió a ver la desmayada y hermosa doncella , y lo mismo hicieron todos los demás . Los caballeros dijeron : — Esperad , señores , y estad atentos a lo que queremos deciros . — Este caballero y yo — dijo el uno — tenemos concertado de pelear por la posesión de esa enferma doncella que ahí veis ; la muerte ha de dar la sentencia en favor del otro , sin que haya otro medio alguno que ataje en ninguna manera nuestra amorosa pendencia , si ya no es que ella , de su voluntad , ha de escoger cuál de nosotros dos ha de ser su esposo , con que hará envainar nuestras espadas y sosegar nuestros espíritus . Lo que pedimos es que no estorbéis en manera alguna nuestra porfía , la cual llevaremos hasta el cabo , sin tener temor que nadie nos la estorbara , si no os hubiéramos menester para que mirárades . Si estas soledades pueden ofrecer algún remedio para dilatar siquiera la vida de esa doncella , que es tan poderosa para acabar las nuestras , la priesa que nos obliga a dar conclusión a nuestro negocio no nos da lugar para preguntaros por ahora quién sois ni cómo estáis en este lugar tan solo , y tan sin remos , que no los tenéis , según parece , para desviaros desta isla tan sola , que aun de animales no es habitada . Mauricio les respondió que no saldrían un punto de lo que querían ; y luego echaron los dos mano a las espadas , sin querer que la enferma doncella declarase primero su voluntad , remitiendo antes su pendencia a las armas que a los deseos de la dama . Arremetieron el uno contra el otro , y , sin mirar reglas , movimientos , entradas , salidas y compases , a los primeros golpes el uno quedó pasado el corazón de parte a parte , y el otro , abierta la cabeza por medio ; éste le concedió el cielo tanto espacio de vida , que le tuvo de llegar a la doncella y juntar su rostro con el suyo , diciéndole :
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