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Pusiéronle luego la ballesta en las manos y algunas flechas , y mostráronle un árbol muy alto y muy liso , al cabo del cual estaba hincada una media lanza , y en ella , de un hilo , estaba asida una paloma , a la cual habían de tirar no más de un tiro los que en aquel certamen quisiesen probarse . ” Uno , que presumía de certero , se adelantó y tomó la mano , creo yo , pensando derribar la paloma antes que otro ; tiró , y clavó su flecha casi en el fin de la lanza , del cual golpe , azorada la paloma , se levantó en el aire ; y luego , otro no menos presumido que el primero , tiró con tan gentil certería , que rompió el hilo donde estaba asida la paloma , que , suelta y libre del lazo que la detenía , entregó su libertad al viento y batió las alas con priesa . Pero el ya acostumbrado a ganar los primeros premios , disparó su flecha ; y , como si mandara lo que había de hacer , y ella tuviera entendimiento para obedecerle , así lo hizo , pues , dividiendo el aire con un rasgado y tendido silbo , llegó a la paloma y le pasó el corazón de parte a parte , quitándole a un mismo punto el vuelo y la vida . Renováronse con esto las voces de los presentes y las alabanzas del extranjero , el cual en la carrera , en la esgrima , en la lucha , en la barra y en el tirar de la ballesta , y entre otras muchas pruebas que no cuento , con grandísimas ventajas se llevó los primeros premios , quitando el trabajo a sus compañeros de probarse en ellas . Cuando se acabaron los juegos , sería el crepúsculo de la noche ; y cuando el rey Policarpo quería levantarse de su asiento , con los jueces que con él estaban , para premiar al vencedor mancebo , vió que , puesto de rodillas ante él , le dijo : ” — Nuestra nave quedó sola y desamparada ; la noche cierra algo escura ; los premios que puedo esperar , que por ser de tu mano se deben estimar en lo posible , quiero , ¡ oh gran señor ! , que los dilates hasta otro tiempo , que con más espacio y comodidad pienso volver a servirte . ” Abrazóle el rey , preguntóle su nombre , y dijo que se llamaba Periandro . Quitóse en esto la bella Sinforosa una guirnalda de flores con que adornaba su hermosísima cabeza , y la puso sobre del gallardo mancebo , y , con honesta gracia , le dijo al ponérsela : ” — Cuando mi padre sea tan venturoso de que volváis a verle , veréis cómo no vendréis a servirle sino a ser servido . Capítulo XXIII De lo que sucedió a la celosa Auristela cuando supo que su hermano Periandro era el que había ganado los premios del certamen . ¡ Oh poderosa fuerza de los celos ! ¡ Oh enfermedad , que te pegas al alma de tal manera , que sólo te despegas con la vida ! ¡ Oh hermosísima Auristela ! ¡ Detente , no te precipites a dar lugar en tu imaginación a esta rabiosa dolencia ! Pero ¿ quién podrá tener a raya los pensamientos , que suelen ser tan ligeros y sutiles , que , como no tienen cuerpo , pasan las murallas , traspasan los pechos y ven lo más escondido de las almas ? Esto se ha dicho , porque , en oyendo pronunciar Auristela el nombre de Periandro , su hermano , y habiendo oído antes las alabanzas de Sinforosa , y el favor que en ponerle la guirnalda le había hecho , rindió el sufrimiento a las sospechas y entregó la paciencia a los gemidos , y , dando un gran suspiro , y abrazándose con Transila , dijo :
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