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¡ A Dios , castos pensamientos de Auristela ; a Dios , bien fundados disinios ; sosegaos , pasos , tan honrados como santos ; no esperéis otros mausoleos ni otras pirámides ni agujas que las que os ofrecen esas mal breadas tablas ! Y vos , ¡ oh Transila ! , ejemplo claro de honestidad , en los brazos de vuestro discreto y anciano padre podéis celebrar las bodas , si no con vuestro esposo Ladislao , a lo menos con la esperanza , que ya os habrá conducido a mejor tálamo . Y tú , ¡ oh Ricla ! , cuyos deseos te llevaban a tu descanso , recoge en tus brazos a Antonio y a Constanza , tus hijos , y ponlos en la presencia del que agora te ha quitado la vida para mejorártela en el cielo . En resolución : el volcar de la nave y la certeza de la muerte de los que en ella iban , puso las razones referidas en la pluma del autor desta grande y lastimosa historia , y ansimismo puso las que se oirán en el siguiente capítulo . Capítulo II Donde se cuenta un extraño suceso . Parece que el volcar de la nave volcó , o , por mejor decir , turbó el juicio del autor de esta historia , porque a este segundo capítulo le dió cuatro o cinco principios , casi como dudando qué fin en él tomaría . En fin : se resolvió diciendo que las dichas y las desdichas suelen andar tan juntas , que tal vez no hay medio que las divida ; andan el pesar y el placer tan apareados , que es simple el triste que se desespera y el alegre que se confía , como lo da fácilmente a entender este extraño suceso . Sepultóse la nave , como queda dicho , en las aguas ; quedaron los muertos sepultados sin tierra ; deshiciéronse sus esperanzas , quedando imposible a todo su remedio ; pero los piadosos cielos , que de muy atrás toman la corriente de remediar nuestras desventuras , ordenaron que la nave , llevada poco a poco de las olas , ya mansas y recogidas , a la orilla del mar , diese en una playa que por entonces su apacibilidad y mansedumbre podía servir de seguro puerto ; y no lejos estaba un puerto capacísimo de muchos bajeles , en cuyas aguas , como en espejos claros , se estaba mirando una ciudad populosa , que , por una alta loma , sus vistosos edificios levantaba . Vieron los de la ciudad el bulto de la nave , y creyeron ser el de alguna ballena o de otro gran pescado que , con la borrasca pasada , había dado al través . Salió infinita gente a verlo , y , certificándose ser navío , le dijeron al rey Policarpo , que era el señor de aquella ciudad , el cual , acompañado de muchos , y de sus dos hermosas hijas , Policarpa y Sinforosa , salió también , y ordenó que , con cabestrantes , con tornos y con barcas , con que hizo rodear toda la nave , la tirasen y encaminasen al puerto . Saltaron algunos encima del buco , y dijeron al rey que dentro dél sonaban golpes , y aun casi se oían voces de vivos . Un anciano caballero que se halló junto al rey , le dijo :
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