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Confuso estaba Arnaldo , no sabiendo en qué iban a parar las prevenciones del razonamiento de Clodio , y , por saberlo , determinó de escucharle , y así le dijo que dijese lo que quisiese ; y Clodio , con este salvoconducto , prosiguió diciendo : — Tú , señor , amas a Auristela ; mal dije amas ; adoras , dijera mejor , y , según he sabido , no sabes más de su hacienda ni de quién es que aquello que ella ha querido decirte , que no te ha dicho nada . Hasla tenido en tu poder más de dos años , en los cuales has hecho , según se ha de creer , las diligencias posibles por enternecer su dureza , amansar su rigor y rendir su voluntad a la tuya por los medios honestísimos y eficaces del matrimonio , y en la misma entereza se está hoy que el primero día que la solicitaste , de donde arguyo que , cuanto a ti te sobra de paciencia , le falta a ella de conocimiento ; y has de considerar que algún gran misterio encierra desechar una mujer un reino y un príncipe que merece ser amado . Misterio también encierra ver una doncella vagabunda , llena de recato de encubrir su linaje , acompañada de un mozo que , como dice que lo es , podría no ser su hermano , de tierra en tierra , de isla en isla , sujeta a las inclemencias del cielo y a las borrascas de la tierra , que suelen ser peores que las del mar alborotado . De los bienes que reparten los cielos entre los mortales , los que más se han de estimar son los de la honra , a quien se posponen los de la vida ; los gustos de los discretos hanse de medir con la razón y no con los mismos gustos . Aquí llegaba Clodio , mostrando querer proseguir con un filosófico y grave razonamiento , cuando entró Periandro , y le hizo callar con su llegada , a pesar de su deseo y aun del de Arnaldo , que quisiera escucharle ; entraron asimismo Mauricio , Ladislao y Transila , y con ellos Auristela , arrimada al hombro de Sinforosa , mal dispuesta , de modo que fué menester llevarla al lecho , causando con su enfermedad tales sobresaltos y temores en los pechos de Periandro y Arnaldo , que , a no encubrirlos con discreción , también tuvieran necesidad de los médicos , como Auristela . Capítulo III Apenas supo Policarpo la indisposición de Auristela , cuando mandó llamar sus médicos que la visitasen ; y como los pulsos son lenguas que declaran la enfermedad que se padece , hallaron en los de Auristela que no era del cuerpo su dolencia , sino del alma ; pero antes que ellos conoció su enfermedad Periandro , y Arnaldo la entendió en parte , y Clodio mejor que todos . Ordenaron los médicos que en ninguna manera la dejasen sola , y que procurasen entretenerla y divertirla con música , si ella quisiese , o con otros algunos alegres entretenimientos . Tomó Sinforosa a su cargo su salud , y ofrecióle su compañía a todas horas , ofrecimiento no de mucho gusto para Auristela , porque quisiera no tener tan a la vista la causa que pensaba ser de su enfermedad , de la cual no pensaba sanar , porque estaba determinada de no decilles que su honestidad le ataba la lengua , su valor se oponía a su deseo .
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