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— ¿ Adónde vas a parar , oh Clodio ? — dijo Rutilio . — Voy a parar — respondió Clodio — en decir de ti que mal podrás usar tu oficio en estas regiones , donde sus moradores no danzan ni tienen otros pasatiempos sino lo que les ofrece Baco , en sus tazas risueño y en sus bebidas lascivo ; pararé también en mí , que , habiendo escapado de la muerte por la benignidad del cielo y por la cortesía de Arnaldo , ni al cielo doy gracias ni a Arnaldo tampoco ; antes querría procurar que , aunque fuese a costa de su desdicha , nosotros enmendásemos nuestra ventura . Entre los pobres pueden durar las amistades , porque la igualdad de la fortuna sirve de eslabonar los corazones ; pero entre los ricos y los pobres no puede haber amistad duradera , por la desigualdad que hay entre la riqueza y la pobreza . — Filósofo estás , Clodio — replicó Rutilio — ; pero yo no puedo imaginar qué medio podremos tomar para mejorar , como dices , nuestra suerte , si ella comenzó a no ser buena desde nuestro nacimiento . Yo no soy tan letrado como tú ; pero bien alcanzo que los que nacen de padres humildes , si no los ayuda demasiadamente el cielo , ellos por sí solos pocas veces se levantan adonde sean señalados con el dedo , si la virtud no les da la mano . ¿ Pero a ti , quién te la ha de dar , si la mayor que tienes es decir mal de la misma virtud ; y a mí , quién me ha de levantar , pues , cuando más lo procure , no podré subir más de lo que se alza una cabriola ? Yo danzador , tú murmurador ; yo condenado a la horca en mi patria , tú desterrado de la tuya por maldiciente ; mira qué bien podremos esperar que nos mejore . Suspendióse Clodio con las razones de Rutilio , con cuya suspensión dió fin a este capítulo el autor desta grande historia . Capítulo VI Todos tenían con quien comunicar sus pensamientos : Policarpo , con su hija , y Clodio con Rutilio ; sólo el suspenso Periandro los comunicaba consigo mismo : que le engendraron tantos las razones de Auristela , que no sabía a cuál acudir que le aliviase su pesadumbre . — ¡ Válame Dios ! ¿ Qué es esto ? — decía entre sí mismo — . ¿ Ha perdido el juicio Auristela ? ¡ Ella mi casamentera ! ¿ Cómo es posible que haya dado al olvido nuestros conciertos ? ¿ Qué tengo yo que ver con Sinforosa ? ¿ Qué reinos ni qué riquezas me pueden a mí obligar a que deje a mi hermana Sigismunda , si no es dejando de ser yo Persiles ? En pronunciando esta palabra , se mordió la lengua , y miró a todas partes , a ver si alguno le escuchaba ; y asegurándose que no , prosiguió diciendo : — Sin duda , Auristela está celosa : que los celos se engendran , entre los que bien se quieren , del aire que pasa , del sol que toca y aun de la tierra que pisa . ¡ Oh señora mía , mira lo que haces , no hagas agravio a tu valor ni a tu belleza , ni me quites a mí la gloria de mis firmes pensamientos , cuya honestidad y firmeza me va labrando una inestimable corona de verdadero amante !
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