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Capítulo XXI No sé si tenga por cierto , de manera que ose afirmar que Mauricio y algunos de los más oyentes se holgaron de que Periandro pusiese fin en su plática , porque , las más veces , las que son largas , aunque sean de importancia , suelen ser desabridas . Este pensamiento pudo tener Auristela , pues no quiso acreditarle con comenzar por entonces la historia de sus acontecimientos , que , puesto que habían sido pocos desde que fué robada de poder de Arnaldo hasta que Periandro la halló en la isla bárbara , no quiso añadirlos hasta mejor coyuntura , ni , aunque quisiera , tuviera lugar para hacerlo , porque se lo estorbara una nave que vieron venir por alta mar , encaminada a la isla , con todas las velas tendidas , de modo que en breve rato llegó a una de las calas de la isla , y luego fué de Renato conocida , el cual dijo : — Esta es , señores , la nave donde mis criados y mis amigos suelen visitarme algunas veces . Ya en esto , echa la saloma , y arrojado el esquife al agua , se llenó de gente , que salió a la ribera , donde ya estaban para recebirle Renato y todos los que con él estaban . Hasta veinte serían los desembarcados , entre los cuales salió uno de gentil presencia , que mostró ser señor de todos los demás , el cual , apenas vió a Renato , cuando con los brazos abiertos se vino a él , diciéndole : — Abrázame , hermano , en albricias de que te traigo las mejores nuevas que pudieras desear . Abrazóle Renato , porque conoció ser su hermano Sinibaldo , a quien dijo : — Ningunas nuevas me pueden ser más agradables , ¡ oh hermano mío ! , que ver tu presencia : que , puesto que en el siniestro estado en que me veo ninguna alegría sería bien que me alegrase , el verte pasa adelante , y tiene excepción en la común regla de mi desgracia . Sinibaldo se volvió luego a abrazar a Eusebia , y le dijo : — Dadme también vos los brazos , señora , que también me debéis las albricias de las nuevas que traigo , las cuales no será bien dilatarlas , porque no se dilate más vuestra pena . Sabed , señores , que vuestro enemigo es muerto de una enfermedad que , habiendo estado seis días antes que muriese sin habla , se la dió el cielo seis horas antes que despidiese el alma , en el cual espacio , con muestras de un grande arrepentimiento , confesó la culpa en que había caído de haberos acusado falsamente ; confesó su envidia , declaró su malicia y , finalmente , hizo todas las demostraciones bastantes a manifestar su pecado . Puso en los secretos juicios de Dios el haber salido vencedora su maldad contra la bondad vuestra , y no sólo se contentó con decirlo , sino que quiso que quedase por instrumento público esta verdad , la cual , sabida por el rey , también por público instrumento os volvió vuestra honra , y os declaró a ti , ¡ oh hermano ! , por vencedor , y a Eusebia por honesta y limpia , y ordenó que fuésedes buscados y que , hallados , os llevasen a su presencia , para recompensaros con su magnanimidad y grandeza las estrecheces en que os debéis de haber visto . Si éstas son nuevas dignas de que os den gusto , a vuestra buena consideración lo dejo .
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