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Llegó en esto la luz , que la traía uno , al parecer bárbaro , cuyo aspecto la edad de poco más de cincuenta años le señalaba . Llegando , puso la luz en tierra , que era un grueso palo de tea , y a brazos abiertos se fué a su hijo , a quien preguntó en castellano que qué le había sucedido que con tal compañía volvía . — Padre — respondió el mozo — , vamos a nuestro rancho , que hay muchas cosas que decir y muchas más que pensar : la isla se abrasa ; casi todos los moradores della quedan hechos ceniza o medio abrasados ; estas pocas reliquias que aquí veis , por impulso del cielo las he hurtado a las llamas y al filo de los bárbaros puñales . Vamos , señor , como tengo dicho , a nuestro rancho , para que la caridad de mi madre y de mi hermana se muestre y ejercite en acariciar a estos mis cansados y temerosos huéspedes . Guió el padre ; siguiéronle todos ; animóse Cloelia , pues caminó a pie ; no quiso dejar Periandro la hermosa carga que llevaba , por no ser posible que le diese pesadumbre , siendo Auristela único bien suyo en la tierra . Poco anduvieron , cuando llegaron a una altísima peña , al pie de la cual descubrieron un anchísimo espacio o cueva , a quien servían de techo y de paredes las mismas peñas . Salieron , con teas encendidas en las manos , dos mujeres vestidas al traje bárbaro : la una muchacha de hasta quince años , y la otra hasta treinta ; ésta hermosa , pero la muchacha hermosísima . La una dijo : — ¡ Ay padre y hermano mío ! Y la otra no dijo más sino : — ¡ Seáis bien venido , regalado hijo de mi alma ! La intérprete estaba admirada de oír hablar en aquella parte , y a mujeres que parecían bárbaras , otra lengua de aquella que en la isla se acostumbraba ; y cuando les iba a preguntar qué misterio tenía saber ellas aquel lenguaje , lo estorbó mandar el padre a su esposa y a su hija que aderezasen con lanudas pieles el suelo de la inculta cueva . Ellas le obedecieron , arrimando a las paredes las teas ; en un instante , solícitas y diligentes , sacaron de otra cueva que más adentro se hacía pieles de cabras y ovejas y de otros animales , con que quedó el suelo adornado y se reparó el frío , que comenzaba a fatigarlos . Capítulo V De la cuenta que dió de sí el bárbaro español a sus nuevos huéspedes . Presta y breve fué la cena ; pero , por cenarla sin sobresalto , la hizo sabrosa . Renovaron las teas , y , aunque quedó ahumado el aposento , quedó caliente . Las vajillas que en la cena sirvieron , ni fueron de plata ni de Pisa : las manos de la bárbara y bárbaro pequeños fueron los platos , y mas cortezas de árboles , un poco más agradables que de corcho , fueron los vasos . Quedóse Candia lejos , y sirvió en su lugar agua pura , limpia y frigidísima . Quedóse dormida Cloelia , porque los luengos años más amigos son del sueño que de otra cualquiera conversación , por gustosa que sea ; acomodóla la bárbara grande en el segundo apartamiento , haciéndole de pieles así colchones como frazadas ; volvió a sentarse con los demás , a quien el español dijo en lengua castellana desta manera :
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