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Aquí dió fin la hermosa Agustina a su razonamiento , y aquí comenzó la admiración de los oyentes a subirse de punto ; aquí comenzaron a desmenuzarse las circunstancias del caso , y también los abrazos de Constanza y Auristela que a la bella Ambrosia dieron , la cual , por ser así la voluntad de su marido , hubo de volverse a su tierra , porque , por hermosa que sea , es embarazosa la compañía de la mujer en la guerra . Aquella noche se alteró el mar de modo que fué forzoso alargarse las galeras de la playa , que en aquella parte es de contino mal segura . Los corteses catalanes , gente enojada , terrible y pacífica , suave ; gente que con facilidad da la vida por la honra , y por defenderlas entrambas se adelantan a sí mismos , que es como adelantarse a todas las naciones del mundo , visitaron y regalaron todo lo posible a la señora Ambrosia Agustina , a quien dieron las gracias , después que volvieron , su hermano y su esposo . Auristela , escarmentada con tantas experiencias como había hecho de las borrascas del mar , no quiso embarcarse en las galeras , sino irse por Francia , pues estaba pacífica . Ambrosia se volvió a Aragón , las galeras siguieron su viaje , y los peregrinos el suyo , entrándose por Perpiñán en Francia . Capítulo XIII Por la parte de Perpiñán quiso tocar la primera de Francia nuestra escuadra , a quien dió que hablar el suceso de Ambrosia muchos días , en la cual fueron disculpa sus pocos años de sus muchos yerros , y juntamente halló en el amor que a su esposo tenía , perdón de su atrevimiento . En fin , ella se volvió , como queda dicho , a su patria ; las galeras siguieron su viaje , y el suyo nuestros peregrinos , los cuales , llegando a Perpiñán , pararon en un mesón , a cuya gran puerta estaba puesta una mesa , y alrededor de ella mucha gente , mirando jugar a dos hombres a los dados , sin que otro alguno jugase . Parecióles a los peregrinos ser novedad que mirasen tantos , y jugasen tan pocos . Preguntó Periandro la causa , y fuéle respondido que , de los que jugaban , el perdidoso perdía la libertad , y se hacía prenda del rey para bogar el remo seis meses ; y el que ganaba , ganaba veinte ducados que los ministros del rey habían dado al perdidoso para que probase en el juego su ventura . Uno de los dos que jugaba la probó , y no le supo bien , porque la perdió , y al momento le pusieron en una cadena ; y , al que la ganó , le quitaron otra que , para seguridad de que no huiría , si perdía , le tenían puesta ; ¡ miserable juego y miserable suerte , donde no son iguales la pérdida y la ganancia ! Estando en esto , vieron llegar al mesón gran golpe de gente , entre la cual venía un hombre en cuerpo , de gentil parecer , rodeado de cinco o seis criaturas de edad de cuatro a siete años ; venía junto a él una mujer , amargamente llorando , con un lienzo de dineros en la mano , la cual , con lastimada voz , venía diciendo : — Tomad , señores , vuestros dineros , y volvedme a mi marido , pues no el vicio , sino la necesidad , le hizo tomar este dinero ; él no se ha jugado , sino vendido , porque quiere , a costa de su trabajo , sustentarme a mí y a sus hijos : ¡ amargo sustento y amarga comida para mí y para ellos !
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