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Estas palabras de reina , de montes y grandezas , tenían atentos los oídos de los circunstantes que les escuchaban , y aumentóles la admiración las que también decía Constanza , que en sus faldas tenía a su mal herido hermano , apretándole la herida y tomándole la sangre la compasiva Feliz Flora , que , con un lienzo suyo , blandamente se la exprimía , obligada de haberla el herido librado de su deshonra : — ¡ Ay , digo — decía — , amparo mío ! ¿ De qué ha servido haberme levantado la fortuna a título de señora , si me había de derribar al de desdichada ? Volved , hermano , en vos , si queréis que yo vuelva en mí , o si no , haced , ¡ oh piadosos cielos ! , que una misma suerte nos cierre los ojos y una misma sepultura nos cubra los cuerpos : que el bien que sin pensar me había venido , no podía traer otro descuento que la presteza de acabarse . Con esto se quedó desmayada , y Auristela ni más ni menos , de modo que tan muertas parecían ellas , y aun más que los heridos . La dama que cayó de la torre , causa principal de la caída de Periandro , mandó a sus criados , que ya habían venido muchos de la casa , que le llevasen al lecho del conde Domicio , su señor ; mandó también llevar a Domicio , su marido , para dar orden de sepultalle . Bartolomé tomó en brazos a su señor Antonio ; a Constanza se las dió Feliz Flora ; y a Auristela , Belarminia y Deleasir ; y , en escuadrón doloroso , y con amargos pasos , se encaminaron a la casi real casa . Capítulo XV Poco aprovechaban las discretas razones que las tres damas francesas daban a las dos lastimadas Constanza y Auristela , porque , en las recientes desventuras , no hallan lugar consolatorias persuasiones ; el dolor y el desastre que de repente sucede , no de improviso admite consolación alguna , por discreta que sea ; la postema duele mientras no se ablanda , y el ablandarse requiere tiempo , hasta que llegue el de abrirse ; y así , mientras se llora , mientras se gime , mientras se tiene delante quien mueva al sentimiento a quejas y a suspiros , no es discreción demasiada acudir al remedio con agudas medicinas . Llore , pues , algún tanto más Auristela , gima algún espacio más Constanza y cierren entrambas los oídos a toda consolación , en tanto que la hermosa Claricia nos cuenta la causa de la locura de Domicio , su esposo , que fué , según ella dijo a las damas francesas , que , antes que Domicio con ella se desposase , andaba enamorado de una parienta suya , la cual tuvo casi indubitables esperanzas de casarse con él . Salióle en blanco la suerte , para que ella — dijo Claricia — la tuviese siempre negra ; “ porque , disimulando Lorena — que así se llamaba la parienta de Domicio — el enojo que había recebido del casamiento de mi esposo , dió en regalarle con muchos y diversos presentes , puesto que más bizarras y de buen parecer que costosos , entre los cuales le envió una vez , bien así como envió la falsa Deyanira la camisa a Hércules , digo que le envió unas camisas , ricas por el lienzo y por la labor vistosas .
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