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Capítulo XXI Priesa se daba la hermosa Isabela Castrucha a revalidar su demonio , y priesa se daban las cuatro , ya sus amigas , a fortalecer su enfermedad , afirmando , con todas las razones que podían de que verdaderamente era el demonio el que hablaba en su cuerpo ; porque se vea quién es el amor , pues hace parecer endemoniados a los amantes . Estando en esto , que sería casi al anochecer , volvió el médico a hacer la segunda visita , y acaso trujo con él a Juan Bautista Marulo , padre de Andrea el enamorado , y , al entrar del aposento de la enferma , dijo : — Vea vuesa merced , señor Juan Bautista Marulo , la lástima desta doncella , y si merece que en su cuerpo de ángel se ande espaciando el demonio ; pero una esperanza nos consuela , y es que nos ha dicho que presto saldrá de aquí y dará por señal de su salida la venida del señor Andrea , vuestro hijo , que por instantes aguarda . — Así me lo han dicho — respondió el señor Juan Bautista — , y holgaríame yo que cosas mías fuesen paraninfos de tan buenas nuevas . — Gracias a Dios y a mi diligencia — dijo Isabela — ; que , si no fuera por mí , él se estuviera ahora quedo en Salamanca , haciendo lo que Dios se sabe . Créame el señor Juan Bautista , que está presente , que tiene un hijo más hermoso que santo , y menos estudiante que galán : que mal hayan las galas y las atildaduras de los mancebos , que tanto daño hacen en la república , y mal hayan juntamente las espuelas que no son de rodaja , y los acicates que no son puntiagudos , y las mulas de alquiler que no se aventajan a las postas . Con estas fué ensartando otras razones equívocas , conviene a saber , de dos sentidos , que de una manera las entendían sus secretarias , y de otra los demás circunstantes : ellas las interpretaban verdaderamente , y los demás como desconcertados disparates . — ¿ Dónde vistes vos , señora — dijo Marulo — , a mi hijo Andrea ? ¿ Fué en Madrid , o en Salamanca ? — No fué sino en Illescas — dijo Isabela — , cogiendo guindas la mañana de San Juan , al tiempo que alboreaba ; mas , si va a decir verdad , que es milagro que yo la diga , siempre le veo , y siempre le tengo en el alma . — Aun bien — replicó Marulo — que esté mi hijo cogiendo guindas y no espulgándose , que es más propio de los estudiantes . — Las estudiantes que son caballeros — respondió Isabela , de pura fantasía — , pocas veces se espulgan , pero muchas se rascan : que estos animalejos que se usan en el mundo tan de ordinario , son tan atrevidos , que así se entran por las calzas de los príncipes como por las frazadas de los hospitales . — Todo lo sabes , malino — dijo el médico — ; bien parece que eres viejo — y esto encaminando su razón al demonio que pensaba que tenía Isabela en el cuerpo — . Estando en esto , que no parece sino que el mismo Satanás lo ordenaba , entró el tío de Isabela , con muestras de grandísima alegría , diciendo :
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