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Con esto pasaron adelante , y a la entrada de la ciudad vieron los judíos a Manasés , su compañero , y con él al criado de Croriano , por donde vinieron en conocimiento que la posada que los judíos habían pintado era la rica de Manasés , y así , alegres y contentos , guiaron a nuestros peregrinos , que estaba junto al arco de Portugal . Apenas entraron las francesas damas en la ciudad , cuando se llevaron tras sí los ojos de casi todo el pueblo , que , por ser día de estación , estaba llena aquella calle de Nuestra Señora del Populo de infinita gente ; pero la admiración , que comenzó a entrar poco a poco en los que a las damas francesas miraban , se acabó de entrar mucho a mucho en los corazones de los que vieron a la sin par Auristela y a la gallarda Constanza , que a su lado iba , bien así como van por iguales paralelos dos lucientes estrellas por el cielo . Tales iban , que dijo un romano que , a lo que se cree , debía de ser poeta : — Yo apostaré que la diosa Venus , como en los tiempos pasados , vuelve a esta ciudad a ver las reliquias de su querido Eneas . Por Dios , que hace mal el señor gobernador de no mandar que se cubra el rostro desta movible imagen . ¿ Quiere , por ventura , que los discretos se admiren , que los tiernos se deshagan y que los necios idolatren ? Con estas alabanzas , tan hipérboles como no necesarias , pasa adelante el gallardo escuadrón ; llegó al alojamiento de Manasés , bastante para alojar a un poderoso príncipe y a un mediano ejército . Capítulo IV Extendióse aquel mismo día la llegada de las damas francesas por toda la ciudad , con el gallardo escuadrón de los peregrinos ; especialmente se divulgó la desigual hermosura de Auristela , encareciéndola , si no como ella era , a lo menos , cuanto podían les lenguas de los más discretos ingenios . Al momento se coronó la casa de los nuestros de mucha gente , que los llevaba la curiosidad y el deseo de ver tanta belleza junta , según se había publicado . Llegó esto a tanto extremo , que desde la calle pedían a voces se asomasen a las ventanas las damas y las peregrinas , que , reposando , no querían dejar verse . Especialmente clamaban por Auristela ; pero no fué posible que se dejase ver ninguna dellas . Entre las demás gente que llegó a la puerta , llegaron Arnaldo y el duque , con sus hábitos de peregrinos , y , apenas se hubo visto el uno el otro , cuando a entrambos les temblaron las piernas y les palpitaron los pechos . Conociólos Periandro desde la ventana , díjoselo a Croriano , y los dos juntos bajaron a la calle , para estorbar en cuanto pudiesen la desgracia que podían temer de dos tan celosos amantes . Periandro se pasó con Arnaldo , y Croriano con el duque , y , lo que Arnaldo dijo a Periandro , fué :
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