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Capítulo VII Con la buena crianza , con los ricos ornamentos de la persona , y con los aderezos y pompa de la casa , se cubren muchas faltas ; porque no es posible que la buena crianza ofenda , ni el rico ornato enfade , ni el aderezo de la casa no contente . Todo esto tenía Hipólita , dama cortesana , que en riquezas podía competir con la antigua Flora , y en cortesía , con la misma buena crianza . No era posible que fuese estimada en poco de quien la conocía , porque con la hermosura encantaba , con la riqueza se hacía estimar , y con la cortesía , si así se puede decir , se hacía adorar . Cuando el amor se viste de estas tres calidades , rompe los corazones de bronce , abre las bolsas de hierro y rinde las voluntades de mármol ; y mas si a estas tres cosas se les añade el engaño y la lisonja , atributos convenientes para las que quieren mostrar a la luz del mundo sus donaires . ¿ Hay , por ventura , entendimiento tan agudo en el mundo , que , estando mirando una de estas hermosas que pinto , dejando a una parte las de su belleza , se ponga a discurrir las de su humilde trato ? La hermosura , en parte ciega , y en parte alumbra : tras la que ciega , corre el gusto ; tras la que alumbra , el pensar en la enmienda . Ninguna de estas cosas consideró Periandro al entrar en casa de Hipólita ; pero como tal vez sobre descuidados cimientos suele levantar amor sus máquinas , ésta sin pensamiento alguno se fabricó , no sobre la voluntad de Periandro , sino en la de Hipólita ; que , con estas damas que suelen llamar del vicio , no es menester trabajar mucho para dar con ellas , donde se arrepientan sin arrepentirse . Ya había visto Hipólita a Periandro en la calle , y ya le había hecho movimientos en el alma su bizarría , su gentileza , y , sobre todo , el pensar que era español , de cuya condición se prometía dádivas imposibles y concertados gustos ; y estos pensamientos los había comunicado con Zabulón , y rogádole se lo trajese a casa , la cual tenía tan aderezada , tan limpia y tan compuesta , que más parecía que esperaba ser tálamo de bodas que acogimiento de peregrinos . Tenía la señora Hipólita — que con este nombre la llamaban en Roma , como si lo fuera — un amigo llamado Pirro Calabres , hombre acuchillador , impaciente , facinoroso , cuya hacienda libraba en los filos de su espada , en la agilidad de sus manos y en los engaños de Hipólita , que muchas veces con ellos alcanzaba lo que quería , sin rendirse a nadie ; pero en lo que más Pirro aumentaba su vida , era en la diligencia de sus pies , que lo estimaba en más que las manos ; y de lo que él más se preciaba , era de traer siempre asombrada a Hipólita en cualquiera condición que se le mostrase , ora fuese amorosa , ora fuese áspera ; que nunca les falta a estas palomas duendas milanos que las persigan ni pájaros que las despedacen ; ¡ miserable trato de esta mundana y simple gente ! Digo , pues , que este caballero , que no tenía de serlo más que el nombre , se halló en casa de Hipólita al tiempo que entraron en ella el judío y Periandro . Apartóle aparte Hipólita , y díjole : — Vete con Dios , amigo , y llévate esta cadena de oro de camino que este peregrino me envió con Zabulón esta mañana .
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