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Capítulo VIII Más confusa que arrepentida volvió Hipólita a su casa ; pensativa , además , y además enamorada ; que , aunque es verdad que en los principios de los amores los desdenes suelen ser parte para acabarlos , los que usó con ella Periandro le avivaron más los deseos . Parecíale a ella que no había de ser tan de bronce un peregrino que no se ablandase con los regalos que pensaba hacerle ; pero , hablando consigo , se dijo a sí misma : — Si este peregrino fuera pobre , no trujera consigo cruz tan rica , cuyos muchos y ricos diamantes sirven de claro sobrescrito de su riqueza ; de modo que la fuerza desta roca no se ha de tomar por hambre ; otros ardides y mañas son menester para rendirla . ¿ No sería posible que este mozo tuviese en otra parte ocupada el alma ? ¿ No sería posible que esta Auristela no fuese su hermana ? ¿ No sería posible que las finezas de los desdenes que usa conmigo los quisiese asentar y poner en cargo a Auristela ? ¡ Válame Dios , que me parece que en este punto he hallado el de mi remedio ! ¡ Alto ! ¡ Muera Auristela ; descúbrase este encantamento ; a lo menos , veamos el sentimiento que este montaraz corazón hace ; pongamos siquiera en plática este disignio ; enferme Auristela ; quitemos su sol delante de los ojos de Periandro ; veamos si , faltando la hermosura , causa primera de adonde el amor nace , falta también el mismo amor : que podría ser que , dando yo lo que a éste le quitare quitándole a Auristela , viniese a reducirse a tener más blandos pensamientos ; por lo menos , probarlo tengo , ateniéndome a lo que se dice que no daña el tentar las cosas que descubren algún rastro de provecho ! Con estos pensamientos , algo consolada , llegó a su casa , donde halló a Zabulón , con quien comunicó todo su disignio , confiada en que tenía una mujer de la mayor fama de hechicera que había en Roma , pidiéndole , habiendo antes precedido dádivas y promesas , hiciese con ella , no que mudase la voluntad de Periandro , pues sabía que esto era imposible , sino que enfermase la salud de Auristela , y con limitado término , si fuese menester , le quitase la vida . Esto dijo Zabulón ser cosa fácil al poder y sabiduría de su mujer . Recibió no sé cuánto por primera paga , y prometió que desde otro día comenzaría la quiebra de la salud de Auristela . No solamente Hipólita satisfizo a Zabulón , sino amenazóle asimismo ; y a un judío dádivas y amenazas le hacen prometer y aun hacer imposibles .
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