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— Levanta , pues — dijo Constanza — , y vamos a buscalle , que los lazos con que Amor liga a los amantes , no los deja alejar de lo que bien quieren . Ven , que presto le hallaremos , presto le verás y más presto llegarás a tu contento . Si quieres tener un poco los escrúpulos que te rodean , dales de mano , y dala de esposa a Periandro : que , igualándole contigo , pondrás silencio a cualquiera murmuración . Levantóse Auristela , y , en compañía de Feliz Flora , Constanza y Antonio , salieron a buscar a Periandro ; y como ya en la opinión de los tres era reina , con otros ojos la miraban , y con otro respeto la servían . Periandro , en tanto que era buscado , procuraba alejarse de quien le buscaba ; salió de Roma a pie , y solo , si ya no se tiene por compañía la soledad amarga , los suspiros tristes y los continuos sollozos : que éstos , y las varias imaginaciones , no le dejaban un punto . — ¡ Ay ! — iba diciendo entre sí — hermosísima Sigismunda , reina por naturaleza , bellísima por privilegio y por merced de la misma naturaleza , discreta sobre modo , y sobremanera agradable , y cuán poco te costaba , ¡ oh señora ! , el tenerme por hermano , pues mis tratos y pensamientos jamás desmintieran la verdad de serlo , aunque la misma malicia lo quisiera averiguar , aunque en sus trazas se desvelara ! Si quieres que te lleven al cielo sola y señera , sin que tus acciones dependan de otro que de Dios y de ti misma , sea en buen hora ; pero quisiera que advirtieras que no sin escrúpulo de pecado puedes ponerte en el camino que deseas . Sin ser mi homicida , dejarás , ¡ oh señora ! , a cargo del silencio y del engaño tus pensamientos , y no me los declararás a tiempo que habías de arrancar con las raíces de mi amor mi alma , la cual , por ser tan tuya , te dejo a toda tu voluntad , y de la mía me destierro . Quédate en paz , bien mío , y conoce que el mayor que te puedo hacer es dejarte . Llegóse la noche en esto , y , apartándose un poco del camino , que era el de Nápoles , oyó el sonido de un arroyo que por entre unos árboles corría , a la margen del cual , arrojándose de golpe en el suelo , puso en silencio la lengua , pero no dió treguas a sus suspiros . Capítulo XII Donde se dice quién eran Periandro y Auristela . Parece que el bien y el mal distan tan poco el uno del otro , que son como dos líneas concurrentes , que , aunque parten de apartados y diferentes principios , acaban en un punto . Sollozando estaba Periandro , en compañía del manso arroyuelo y de la clara luz de la noche ; hacíanle los árboles compañía , y un aire blando y fresco le enjugaba las lágrimas ; llevábale la imaginación Auristela , y la esperanza de tener remedio de sus males y viento , cuando llegó a sus oídos una voz extranjera , que , escuchándola con atención , vió que en lenguaje de su patria , sin poder distinguir si murmuraba o si cantaba , y la curiosidad le llevó cerca , y cuando lo estuvo , oyó que eran dos personas las que no cantaban ni murmuraban , sino que en plática corriente estaban razonando ; pero lo que más le admiró fué que hablasen en lengua Noruega , estando tan apartados della . Acomódose detrás de un árbol , de tal forma , que él y el árbol hacían una misma sombra ; recogió el aliento , y la primera razón que llegó a sus oídos fué :
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