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— Haré yo eso de muy buena gana — respondió el bárbaro italiano — , aunque temo que , por ser mis desgracias tantas , tan nuevas y tan extraordinarias , no me habéis de dar crédito alguno . A lo que dijo Periandro : — En las que a nosotros nos han sucedido nos hemos ensayado y dispuesto a creer cuantas nos contaren , puesto que tengan más de lo imposible que de lo verdadero . — Lleguémonos aquí — respondió el bárbaro — , al borde desta barca donde están estas señoras ; quizá alguna , al son de la voz de mi cuento , se quedará dormida , y quizá alguna , desterrando el sueño , se mostrará compasiva : que es alivio al que cuenta sus desventuras ver o oír que hay quien se duela dellas . — A lo menos por mí — respondió Ricla de dentro de la barca — , y a pesar del sueño , tengo lágrimas que ofrecer a la compasión de vuestra corta suerte , del largo tiempo de vuestras fatigas . Casi lo mismo dijo Auristela , y así todos rodearon la barca , y con atento oído estuvieron escuchando lo que el que parecía bárbaro decía , el cual comenzó su historia desta manera : Capítulo VIII Donde Rutilio cuenta de su vida . — Mi nombre es Rutilio ; mi patria , Sena , una de las más famosas ciudades de Italia ; mi oficio maestro de danzar , único en él , y venturoso , si yo quisiera . Había en Sena un caballero rico , a quien el cielo dió una hija más hermosa que discreta , a la cual trató de casar su padre con un caballero florentín , y , por entregársela adornada de gracias adquiridas , ya que las del entendimiento le faltaban , quiso que yo la enseñase a danzar : que la gentileza , gallardía y disposición del cuerpo , en los bailes honestos más que en otros pasos se señalan , y a las damas principales les está muy bien saberlos , para las ocasiones forzosas que les pueden suceder . Entré a enseñarle los movimientos del cuerpo ; pero movíala los del alma ; pues , como no discreta , como he dicho , rindió la suya a la mía , y la suerte , que de corriente larga traía encaminadas mis desgracias , hizo que , para que los dos nos gozásemos , yo la sacase de en casa de su padre y la llevase a Roma . Pero como el amor no da baratos sus gustos , y los delitos llevan a las espaldas el castigo , pues siempre se teme , en el camino nos prendieron a los dos , por la diligencia que su padre puso en buscarnos .
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