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XIII Doy una bofetada que puede costarme cara . Tornaron a reanudarse nuestras sabrosas pláticas a la reja . Por algunos días fui dichoso . Sin embargo , los celos de Gloria no habían desaparecido por completo . Lo mismo era mentar la casa de Anguita que se ponía de mal humor y me hablaba en tono desabrido , por lo cual procuraba ir a ella lo menos posible . En una de estas noches dio un baile el conde del Padul . Isabel hizo esfuerzos muy grandes porque Gloria asistiese , pero todos se estrellaron contra la negativa rotunda de doña Tula . Ni aquella ni yo lo sentimos mucho . Nuestros coloquios valían más que todos los bailes imaginables . Quedamos en que yo sólo iría un rato después de nuestra conversación nocturna . Mas al verme llegar a la reja con el gabán puesto , dejando asomar la corbata blanca y la pechera de la camisa , observé que se esparcía por su rostro una leve nube de tristeza . Me habló durante largo rato distraída , preocupada . Por último , como no era posible que guardara mucho tiempo cualquier sentimiento que la agitase , dijo con una resolución severa , como si esperase oposición y se preparase a reñir : — Mira , no quiero que vayas al baile . — ¿ Pues ? — Porque no . Callé un momento y sonreí , viéndole arrugar su linda frente y desviar la vista hacia otro sitio , cual si temiese flaquear en su determinación fijándola en mí . — Bueno — dije con afectada resignación — , no iré . Tardó un poco en contestar . Pero inquieta tal vez su conciencia por mi estudiada humildad , dijo : — No quiero que vayas porque sé lo que va a pasar . . . ¡ Cómo si lo viera ! Hoy están allí las chicas más bonitas de Sevilla , y tú te enamorarás de una . . . Y yo no quiero , ¿ lo oyes ? ¡ No quiero , no quiero ! El arranque con que pronunció estas palabras me hizo reír . — Bien , hija ; si ya te he dicho que no voy . — Es que lo dices así , en un tonillo de manso cordero . . . , como si fuese una tontada mía . . . — No , querida , no . Lo hago con mucho gusto , puesto que tú me lo ordenas . . . — No , yo no te lo ordeno . . Si quieres , vas , y si no , te quedas . Concluyó por ponerse furiosa y decir que yo no la quería un tantito así ( se picaba la falange del dedo chiquito ) y que era muy desgraciada . Imagino que , en el fondo , de quien estaba descontenta era de sí misma . Pronto se sosegó , y charlamos con la mayor alegría , como todas las noches . No obstante , cuando llegó el momento de separarnos , me preguntó sonriente , pero mostrando inquietud en los ojos : — ¿ Te vas a casa ? — Sí . — ¿ De veras ? — De veras . Quedó un instante pensativa . De repente sacó su hermosa mano por la reja , me cogió la corbata y me la arrancó . — Así ya no puedes ir al baile , aunque quieras . — No había necesidad de eso . No tengo ningún deseo de ir . Si quieres que esté aquí hasta que amanezca , aquí estoy . . . Y a mí no me gusta ni me gustará jamás otra mujer que tú . La firmeza y sinceridad con que pronuncié estas últimas palabras la conmovieron . Me apretó la mano con ternura y dijo , sacando otra vez la corbata por la reja : — Toma ; tengo confiansa en ti .
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