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XVI En qué paró la hermana San Sulpicio . Pensando en los medios de unirme pronto a Gloria , antes del suceso que acabo de narrar se me había ocurrido una transacción con el maldito enano . Como yo tenía la certidumbre de que éste era el único causante de nuestros males y sospechaba que la razón de oponerse a nuestro casamiento y el empeño de hacer monja a Gloria estribaban en el interés , imaginé que podíamos llegar a un acuerdo . Verdad que acaso pudiera alcanzar la meta de mis deseos sin necesidad de componendas , porque la actitud , pasiva hasta entonces , de doña Tula lo hacía verosímil . Pero ¿ quién me aseguraba que de la noche a la mañana no cambiasen totalmente las cosas ? Aunque no pudieran encerrar a Gloria en el convento contra su voluntad , porque las autoridades estaban ya sobre aviso , al matrimonio podía oponerse la madre mientras no fuese mayor de edad . Ahora se encontraban , lo mismo ella que don Oscar , amedrentados por la escena escandalosa de la puerta del convento y por la actitud firme del conde del Padul , que inspiraba general temor por su posición y carácter . Mas , si llegaban a vencer este miedo , lo mismo del conde que de la opinión pública , volvería a encontrarse en grave aprieto . Aunque no consiguiesen otra cosa que aplazar el matrimonio , ya era bastante para mi anhelo , que cada día iba siendo mayor . Además , en esta dilación había peligro . Gloria era muy celosa , y cualquier insignificante pretexto podía levantar una reyerta como la de marras y dar al traste con mi felicidad . Sin contar con los acontecimientos imprevistos a que todos nos hallamos sujetos , y más los que esperan con afán cualquier bienandanza . Pesaban estas consideraciones de tal modo en mi ánimo , que me vino la idea de abandonar en las garras de don Oscar , como precioso vellón , la mitad de la dote de Gloria , con tal de unirme pronto a ella y obtener la otra mitad . Confieso que este proyecto duró poco tiempo en la cabeza . ¡ La mitad de la dote ! ¡ Cincuenta mil duros ! La idea de desprenderme ( los conservaba ya como míos ) de esta cantidad exorbitante de duros me produjo tal desasosiego que la abandoné presto por insensata . Y de un golpe rebajé la cifra a la mitad . Si la dejaba de los dos millones veinticinco mil duros , bien podía darse por contento y facilitarme todos los medios para que el cura nos bendijese cuanto más antes . Pero , aunque duró mucho más , tampoco este arreglo consiguió echar hondas raíces en mi espíritu acongojado . Veinticinco mil duros tampoco son un grano de anís . Poníame a considerar la renta que de esta cantidad , bien administrada , se podía obtener , y me aturdía . Colocadas allá , en Bollo , con buenas hipotecas , podían dar cuarenta mil reales al año , sin manchar la conciencia .
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