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Salió de la ciudad y llegó a la orilla del río Arlanzón , en un lugar que se llama la Glera . Allí puso sus tiendas , sobre la arena . Aquella noche no tuvieron casa , ni cama , ni cena . Muchos lo llamaban « el que en buena hora nació » , es decir , el que nació con buena estrella . Aquella noche , sin casa y sin cama , se sentó a pensar . Tenía poco dinero y muchos hombres a su cargo . Pero no tenía miedo . II . Las arcas de arena Mientras el Cid estaba en la Glera , llegó un hombre de Burgos . Se llamaba Martín Antolínez , y todos lo respetaban . Traía pan y vino para toda la compañía . Lo había comprado a escondidas , porque el rey había prohibido ayudar al Cid . « Cid » , dijo Martín , « he traído comida para vuestros hombres . Y además quiero ir con vos . Quien os ayuda hoy tendrá su premio mañana . » El Cid sonrió por primera vez en muchos días . « Martín , os doy las gracias . Si Dios me da la vida , os daré mucho más . » Los hombres comieron y bebieron . Después el Cid habló con su amigo de un problema grave . « Necesito dinero » , dijo . « No puedo llevar una compañía tan grande sin pagar a nadie . El rey me ha quitado todo lo que tenía . » Martín pensó un momento . Después dijo : « Hay dos judíos ricos en Burgos . Se llaman Raquel y Vidas . Prestan dinero a mucha gente . Hagamos dos arcas grandes , llenas de arena , y las cubrimos de cuero rojo . Les diremos que dentro hay un tesoro . » El Cid se quedó pensativo , porque la idea no le gustaba : él era un hombre honrado . Pero sus hombres necesitaban comer . Al fin aceptó . « Id a verlos , Martín , y hablad bien . Yo prometo que , si vivo , les pagaré el doble . » Martín fue a Burgos de noche . Encontró a Raquel y a Vidas juntos y les habló en voz baja . « Amigos , el Cid sale de Castilla y quiere llevar todo su oro . Pesa tanto que no puede cargarlo . Quiere dejarlo con vosotros , a cambio de un préstamo . Si lo guardáis un año , el Cid os pagará bien . » Raquel y Vidas escucharon con atención . « Queremos ver ese tesoro » , dijeron . « Es imposible » , contestó Martín . « Las arcas están cerradas y selladas . Nadie puede abrirlas hasta dentro de un año . Si las abrís antes , el Cid lo perderá todo . » Los dos prestamistas se miraron y pensaron que el Cid tenía mucho oro . Querían ganar una buena suma , y al fin dijeron que sí . Prestaron seiscientos marcos de plata y oro , y el Cid los recibió con alegría . Martín y dos hombres llevaron las arcas a la casa de Raquel y Vidas . Pesaban mucho , porque estaban llenas de arena . Los prestamistas las guardaron con cuidado , sin saber qué había dentro . El Cid había salido ya de la Glera . Quería despedirse de su familia antes de irse lejos . Su esposa , doña Jimena , y sus dos hijas , Elvira y Sol , vivían en el convento de San Pedro de Cardeña . Hacia allí fue el Cid con sus hombres .
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