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VII . Las bodas Había en la corte del rey dos hermanos muy nobles : Diego y Fernando González , llamados los infantes de Carrión . Eran de una familia antigua y poderosa . Pero eran orgullosos y no tenían buen corazón . Vieron lo rico que era el Cid , y pensaron : « Si nos casamos con sus hijas , tendremos parte en su riqueza . Antes era un desterrado , pero hoy es un gran señor . Hablemos con el rey . » Fueron a ver al rey Alfonso y le pidieron ayuda . El rey estuvo de acuerdo , porque pensaba que así haría las paces con el Cid y que las dos familias quedarían unidas . Llamó a Minaya y le dijo : « Decid al Cid que deseo esta boda . Quiero verlo en persona . » Minaya volvió a Valencia y contó lo que había oído . El Cid se quedó callado un largo rato . « Esos infantes son de buena familia » , dijo al fin , « pero tienen mucho orgullo . No me gusta este casamiento . Mis hijas son todavía muy jóvenes . Pero el rey es mi señor . Iré a verlo , y que Dios nos guíe . » El rey eligió un lugar junto al río Tajo , y allí se encontraron . El Cid llegó con sus hombres , vestidos de fiesta . Todos admiraban su porte . Tenía una barba larga y bien cuidada , y nadie se la había tocado jamás . Cuando vio al rey , el Cid bajó del caballo y se arrodilló . Se echó sobre la hierba y la mordió con los dientes , en señal de humildad . « Señor » , dijo , « os pido perdón . Soy vuestro vasallo y quiero ser leal hasta la muerte . » El rey Alfonso se emocionó . « Levantaos , Cid » , dijo . « Os perdono todo . Sois el mejor vasallo de Castilla . Venid , y sentaos a mi lado . » Ese día , el Cid recuperó la gracia del rey . Muchos lloraron de alegría . Entonces el rey le habló de la boda . « Mis hijas están en vuestras manos , señor » , contestó el Cid . « Haced lo que queráis . » Delante de todos , el rey dio las manos de Elvira y de Sol a los infantes . El Cid besó la mano al rey y volvió a Valencia . Las bodas se celebraron en Valencia , con fiestas durante quince días . Se corrieron caballos y se jugó con lanzas , y hubo música y comida para todos . El Cid dio a sus yernos regalos muy ricos : caballos , mulas , ropas y dinero . Elvira y Sol miraban a sus maridos con respeto . El Cid las veía y sonreía , pero en su corazón sentía todavía una duda . Así termina la segunda parte del poema , el Cantar de las bodas .
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