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IX . El robledal de Corpes Los infantes de Carrión estaban cansados de las burlas . Hablaron en secreto . « Aquí somos el hazmerreír » , dijo Diego . « Volvamos a Carrión . Llevaremos a nuestras mujeres con nosotros , y por el camino nos vengaremos . Así , todo el mundo verá que somos nobles . » « Sí » , dijo Fernando . « Las hijas del Cid no son dignas de nosotros . Nos casamos por su dinero . Ahora tenemos mucho . Podemos dejarlas . » Fueron a ver al Cid y le dijeron : « Señor , queremos llevar a nuestras mujeres a Carrión . Allí conocerán sus nuevas tierras . » El Cid no sospechó nada , pues pensó que era lo normal . Dio a sus yernos los regalos más ricos : tres mil marcos de plata , mulas , caballos y ropas . También les regaló las dos espadas famosas , Colada y Tizón . « Cuidad bien de mis hijas » , dijo . « Son el tesoro de mi vida . » Abrazó a Elvira y a Sol , y las dos lloraban sin saber por qué . Cuando el grupo salió de Valencia , el Cid sintió un dolor en el pecho . Un mal presentimiento le oprimía el corazón . Llamó a su sobrino Félez Muñoz y le dijo : « Id con mis hijas , pero de lejos . Si pasa algo , ayudadlas . » El camino fue largo y pasaron por tierras de moros y de cristianos . Una noche llegaron al robledal de Corpes , un bosque de robles altos , con ramas que casi tapaban el cielo . Los infantes mandaron al resto de la gente a seguir adelante . Se quedaron solos con sus mujeres . Las hijas del Cid , muy cansadas , se tumbaron en el suelo . De pronto los infantes se acercaron . « Esto es por lo del león » , dijo Fernando con voz fría . « Así aprenderéis quiénes somos . Os dejamos aquí . » Les quitaron los mantos y las pieles . Con sus cinturones y sus espuelas , golpearon a las dos jóvenes hasta dejarlas casi sin vida . Ellas pidieron ayuda , pero no había nadie . Los infantes se llevaron los caballos y se marcharon . Las hijas del Cid quedaron solas en el bosque , en la oscuridad . Los infantes se alejaron riendo , porque creían que habían ganado su honra . Pero habían cometido el peor crimen de sus vidas . Félez Muñoz había visto algo raro : los infantes se habían separado del grupo , y él volvió atrás . Buscó por todo el bosque . Al fin oyó unos gemidos y encontró a sus primas , tendidas en el suelo . « ¡ Primas ! ¡ Primas ! » , gritó . « ¿ Qué os han hecho ? » Doña Sol abrió los ojos . Apenas podía hablar . « Primo , por Dios , dadnos agua . Si no , moriremos aquí . » Félez Muñoz les dio agua en su sombrero , y las cubrió con su manto . Las puso sobre su caballo y las llevó con cuidado hasta San Esteban de Gormaz . Allí un hombre bueno las recibió en su casa y las cuidó , hasta que se curaron . Cuando la noticia llegó a Valencia , el Cid se levantó con el rostro serio . « Gracias , Señor » , dijo . « No han muerto mis hijas . Pero esta deshonra no quedará sin castigo . » Mandó a Muño Gustioz a la corte del rey , y le dijo que debía contar lo que había pasado , y pedir justicia . El Cid no quería vengarse por la fuerza . Quería que el rey juzgara a los infantes en una corte .
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